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El camino de venganza de la heredera rota romance Capítulo 18

Las advertencias resonaron en su mente. El pecho de Lauren se elevó y cayó fuerte, sus sueltos mechones de cabello temblaban con su furia. Enfrentó a Elliot con la mirada llena de odio puro, como si quisiera destrozarlo.

—¿Fuiste tú?

Elliot se sentó, cruzando las manos sin apretar sobre su regazo, con una expresión calmada, impasible, serena, casi aristocrática.

—¿Qué? No tengo ni idea de lo que estás hablando.

—Expulsaron a Mia. ¿Lo ordenaste tú? Te lo advierto; aléjate de Marilyn y Mia, si no…

La voz de Lauren estaba tensa, forzada entre dientes apretados. Elliot entrecerró los ojos, un destello peligroso brilló a través de ellos.

«¿Todo esto por la hija de una sirvienta? Se preocupaba tanto por los forasteros, pero cuando se trataba de mí, su propio hermano, todo lo que recibía era indiferencia».

Pensar en ello le hizo hervir la sangre. Apretó la mandíbula, la amargura se retorció adentro de él.

—¿O qué?

La voz de Lauren era inquebrantable.

—Te llevaré conmigo.

Un extraño dolor se retorció en el pecho de Elliot.

—Soy tu hermano. ¿Y así es como me ves?

Lauren no respondió, pero la frialdad en sus ojos lo decía todo. Sus miradas se cruzaron, la tensión espesaba el aire entre ellos. De repente, el estridente timbre de un móvil rompió el silencio. Elliot miró la pantalla, era Marilyn. Sus labios se curvaron en una sonrisa mientras respondía, encontrando la mirada expectante de Lauren. Cuando respondió la llamada, la voz ansiosa y desesperada de Marilyn se escuchó a través del altavoz.

—Señor Elliot, por favor, no tengo a nadie más a quien recurrir. Se lo ruego, utilice los contactos de la Familia Bennett, haga algo para evitar que la escuela expulse a Mia, ella es mi única hija. He trabajado muy duro para criarla, y está a punto de graduarse. Si la expulsan ahora, su futuro estará arruinado…

Elliot escuchó sus frenéticas súplicas, pero no apartó la mirada de Lauren ni un momento, observando cada una de sus reacciones. Las manos de Lauren se cerraron en puños apretados, sus uñas se clavaron en las palmas. Marilyn no sabía que le suplicaba al hombre responsable de todo esto, y Lauren no tenía poder para detenerlo. Una vez más, no tuvo más remedio que poner su destino en manos de Elliot. Su voz era baja, tensa.

—Ayúdala.

Elliot arqueó una ceja, cubriendo el micrófono del móvil con la mano.

—La ayudaré, pero solo si te disculpas con Elaine. Haz que Kenneth te perdone y la hija de Marilyn no será expulsada.

Los ojos de Lauren ardían rojos de ira, pero no tenía otra opción.

—Está bien. Lo haré.

Satisfecho, Elliot volvió al móvil sin dudarlo.

—No te preocupes, Marilyn. Mia no será expulsada. —Después de colgar, se puso de pie y agarró sus llaves—. Te llevaré.

—No hace falta. Tomaré un taxi. —Lauren lo rechazó sin dudarlo.

—Te llevaré más rápido. —Insistió.

Sus siguientes palabras fueron como una bofetada. Sin emoción, dijo:

—¿Qué diablos? ¡Nunca te hice nada! ¿Por qué te comportas como una loca?

—Entonces da por hecho que estoy loca.

Lauren se liberó de su mano y se alejó sin mirar atrás.

—Jesús, ¿cuál es tu problema?

Jeffrey se quedó paralizado, observándola alejarse cojeando. Sus ojos se posaron en su pierna herida, los moretones y cortes apenas ocultos bajo la ropa. Por alguna razón, verla lo hizo sentir incómodo.

En el Centro Médico Horizonte de Hoverdale. Lauren abrió la puerta de la habitación VIP de Elaine en el hospital y se detuvo a los pies de la cama. La mujer que yacía en la cama no se parecía en nada a la que recordaba. Como heredera de Corporación Gray, Elaine siempre había sido bella sin esfuerzo: de rostro dulce, vestida de manera impecable, la imagen de una princesa de cuento de hadas.

Ahora era solo una sombra de lo que fue. La plenitud natural de su cuerpo se había desvanecido, dejando solo una piel pálida y delicada estirada sobre huesos frágiles. Sus mejillas estaban hundidas, sus pómulos afilados sobresalían y sus extremidades se habían marchitado, frágiles y delgadas.

Al mirarla ahora, Lauren no pudo evitar sentir una punzada de dolor. Un dolor sordo se instaló en su pecho, como si estuviera mirando el reflejo de su propio sufrimiento. La verdad era que ella y Elaine nunca se habían llevado bien, pero eso siempre había sido unilateral. Elaine la despreciaba, y la atacaba a cada momento, y la razón era simple; Elaine y Willow habían crecido juntas. Eran inseparables.

La percepción que Elaine tenía de Lauren había sido moldeada por las palabras de Willow. Lauren no tenía ni idea de lo que Willow le había dicho, pero no era nada bueno. De lo contrario, Elaine no habría estado tan convencida de que ella era la villana, de que era ella la que acosaba a Willow. Incluso ahora, Lauren todavía no podía entenderlo.

«¿Por qué Willow empujaría a Elaine por las escaleras si eran tan amigas? Más que eso, ¿por qué David se quedó parado sin hacer nada para detener a Willow? ¿Por qué no solo permitió que Willow cometiera el crimen, también la ayudó a culparme a mí?».

Ella solo había estado en el lugar equivocado en el momento equivocado. Ella había visto lo que pasó, había presenciado su intento de asesinato. Y lo peor de todo es que Alice llegó a la escena justo a tiempo para verla ahí, convirtiéndola en la culpable perfecta.

Como Elaine y Willow eran las mejores amigas, Elliot y Kenneth se negaban a creer que Willow pudiera lastimarla. Para ellos, tenía que haber sido Lauren. Ella era la culpable, la villana de su historia perfecta.

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