—Tu sobrina me estaba robando mis joyas. La agarré con las manos en la masa.
Al escucharla, Bianca saltó a defenderse:
—¡Claro que no! ¡Rosario jamás haría algo así!
—Sí, mami, mi tía tiró todas las joyas al suelo solita... yo no hice nada... Mi tía da mucho miedo...
La niña se puso a llorar dramáticamente.
Ante el teatro de ambas, a Kiara no le quedó más que reírse de coraje.
—¿Que yo las tiré? Agustín, fíjate bien en lo que hay tirado en el piso... ¡Son las joyas que mi madre me dejó antes de morir!
El berrinche de Rosario se cortó de golpe.
Agustín agachó la cabeza para ver el piso; palideció.
—Eres mi marido, llevamos cuatro años casados. Sabes perfectamente lo sagradas que son estas cosas para mí. Además, mírala, trae puesta la gargantilla favorita de mi mamá... Si van a seguir con sus teatros, mejor que venga la policía a investigar.
Dicho esto, sacó el celular para marcar, pero Agustín le agarró la mano con firmeza.
—No hay necesidad de hacer tanto relajo ni de llamar a la policía... Kiara, discúlpame, me equivoqué contigo.
Aunque el tono era conciliador, el agarre sobre la mano de Kiara era amenazante.
—Rosario está muy chica. Aunque marques, la policía no le va a hacer nada. Además, ella ya sabe que hizo mal...
Agustín le echó una mirada significativa a Rosario. La niña, agarrando el rollo, empezó a pedir perdón con voz compungida.
—Perdón, tía, ya entendí que me porté mal. Es que las cosas brillaban tan bonito... Te juro que ya no vuelvo a tocarlas para jugar. ¿Me perdonas?
Viendo cómo estaban las cosas, Bianca le siguió la corriente.
—Ya ves, Rosario está chiquita, ¿ella qué va a saber?
—Exacto, a su edad ya es toda una experta robando y luego se hace la víctima y me voltea la culpa. Con esas mañas, es imposible no pensar en que de tal palo, tal astilla.
—¡Ya, ya estuvo bueno! Dejémoslo así. Kiara, no seas necia, ya suelta esto. De ahora en adelante todos viviremos juntos y tenemos que acoplarnos y tolerarnos...
Luego se acercó un poco más a Kiara y bajó la voz:
—Al final del día Bianca y tú son familia política, te pido que por favor lo dejes pasar por mí.
Kiara lo miró de reojo y dio un paso atrás, marcando su distancia.
—¿Acaso tú pensaste en eso cuando me soltaste una cachetada sin saber qué pasaba?
—Kiara...
Kiara dirigió la mirada hacia Bianca.


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