La cabeza de Elowen se sentía ligera, como flotando, incapaz de enfocarse. Lo único que consiguió fue soltar un murmullo suave, inseguro.
Cassian se inclinó más, tan cerca que su aliento tibio le rozó la oreja.
—Lo que Cecilia te enseñó… ¿todavía te acuerdas?
El cambio repentino la tomó desprevenida. Elowen se quedó tiesa un instante y luego asintió.
—Me acuerdo.
Tras una breve pausa, añadió en voz muy baja:
—Lo estudié con cuidado. Incluso tomé apuntes…
Una risa grave vibró en el pecho de Cassian.
—Así me gusta. Buena chica.
Alzó apenas una ceja.
—Entonces sabes lo que toca esta noche, ¿verdad?
Elowen solo lo miró.
Las lecciones tan directas de Cecilia le cayeron encima de golpe: los diagramas que le habían mostrado… y, para colmo, algo que ella había notado de Cassian por accidente.
Lo primero que sintió fue miedo. Se le fue el color del rostro y, por instinto, intentó apartarse.
Como si hubiera percibido ese impulso de huir, Cassian aspiró de golpe; entre sus cejas se marcó una arruga apenas visible.
La alarma se reflejó en la cara de Elowen. Se acercó de prisa y le sujetó el brazo, con la preocupación temblándole en la voz.
—Cassian… ¿qué te pasa?
—La pierna —murmuró—. Me está molestando otra vez.
La culpa la golpeó al instante.
—Tu pierna todavía no termina de sanar. Es mi culpa… ni siquiera pude mantener el equilibrio e hice que te movieras…
—Ella —la interrumpió Cassian, en voz baja—. Hay una forma de hacer que se pase.
Elowen no dudó.
—Dime qué hago.
Cassian le subió una mano a la mejilla; la yema áspera de su pulgar le rozó la piel con una caricia suave.
Al segundo siguiente acortó la distancia y se adueñó de su boca.
Ese beso no se parecía en nada a los anteriores, tan cuidadosos, casi contenidos. Ahora no había titubeos: solo una certeza firme, posesiva, que no dejaba espacio para negarse.
Los labios de Elowen se abrieron ante aquella insistencia, y él profundizó el beso, llevándosela consigo mientras le robaba el aliento.
Los pensamientos de Elowen se disolvieron hasta quedar en blanco.
La otra mano de Cassian se apoyó en la parte baja de su espalda y se desplazó apenas por su cintura, bajo el agua, provocándole un escalofrío que le corrió por todo el cuerpo.
El agua a su alrededor onduló, meciéndose.
Solo después de un largo rato Cassian se apartó por fin. Apoyó la frente en la de ella, respirando de forma irregular.
—Mejor —murmuró—. Ya no me duele la pierna.
Elowen no se dejó engañar.
Fuera lo que fuera lo que lo estaba atormentando, nunca había sido la pierna.
Cassian bajó la mirada hacia ella. Sus ojos eran más oscuros que la noche afuera, cargados de cosas que ella apenas alcanzaba a entender.
—Ella —dijo con suavidad, con la voz áspera por algo más hondo—. ¿Puedo?
Elowen parpadeó, un segundo tarde, hasta que entendió a qué se refería.

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