—Señor Gómez, ¿está diciendo que mañana me va a transferir toda su fortuna? —preguntó Mireya, emocionada.
—¿Puedes venir mañana? —le preguntó Álvaro con amabilidad.
Mireya se quedó sin palabras.
Claro que podía ir, pero Lázaro no estaba en casa.
No había vuelto desde el día de la boda.
Tras unos segundos de silencio, preguntó:
—Señor Gómez, ¿es necesario que lleve a toda mi familia?
—¿Hay algún problema, Mi? —preguntó Álvaro.
Mireya no supo qué responderle a Álvaro.
Aunque su matrimonio con Lázaro había sido el evento del año y ella había logrado su objetivo en la boda de traer a sus dos hijos de fuera a la familia Valdez, obligándolos a aceptar a Alejandro y Emilia delante de miles de invitados, la realidad era otra.
Lázaro se había ido el mismo día de la boda y aún no había regresado.
Sabía que estaba furioso.
Por eso, en estos días, no se había atrevido a molestarlo con llamadas, pensando que era mejor dejar que se le pasara el enojo.
Pero ya habían pasado cuatro días y no tenía ni idea de dónde estaba Lázaro.
Así que no podía cumplir con la petición de Álvaro de llevar a toda su familia.
Al verla dudar, Álvaro recordó de repente que había tenido una amenaza de aborto unos días antes y le preguntó con tono de disculpa:
—Mi, ¿todavía estás en cama guardando reposo? ¿Aún no puedes levantarte?
Mireya siguió la corriente de Álvaro.
—Sí, señor Gómez. Aquella noche, por cuidarlo en el hospital, tuve una amenaza de aborto. Creo que necesitaré unos días más para recuperarme por completo…
—Ha sido culpa mía. Estaba tan preocupado por mi salud que me olvidé de que por mi culpa tuviste esa complicación. Mira, haré que el abogado y el mayordomo se queden un día más en el país. Cuando te recuperes, iremos a la notaría. No hay prisa.
—De acuerdo… de acuerdo, señor Gómez —respondió Mireya.
Por dentro, deseaba con todas sus fuerzas que Álvaro no hubiera dicho eso, pero por mucho que no quisiera, tenía que esperar.
En cuanto colgó, llamó a Lázaro sin perder un segundo.
En ese momento, Lázaro seguía en el hospital.
Cuatro días antes, Lázaro había estado ingresado por una hemorragia estomacal. Al ver lo pálido que estaba, el médico le recomendó quedarse unos días en observación.


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