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El Destino Intercambiado romance Capítulo 6

—En cuanto a la señorita Aitana —el tono de Luis se suavizó notablemente al mencionarla—, ella prefiere un desayuno ligero y con estilo. Hoy comió unos hot cakes estilo francés, bañados en jarabe de arce importado de Canadá, acompañados de un plato de frutas de temporada.

Luis terminó y miró a Mercedes con cierto aire de triunfo.

Mercedes: —...

No mostró la expresión de asombro, envidia o desconcierto que Luis esperaba.

Mercedes: —Qué aburrido, todo suena a botana. Prefiero unos churros y un café con leche.

Luis se quedó mudo un instante, y justo cuando iba a replicar...

—Acabas de decir que tú te encargas de mi desayuno —dijo Mercedes—, así que no importa lo que quiera comer, ¿se puede, verdad?

Luis reprimió su molestia y asintió. —Por supuesto, pero si lo que quiere son churros, ese tipo de cosas...

Mercedes extendió la mano hacia Luis. —Pásame tu celular.

Luis se quedó pasmado. La satisfacción de presumir hace un momento aún no se disipaba cuando le entregó el celular con cierta duda.

Quería ver qué truco iba a sacar esa niña.

Mercedes tomó el celular, abrió una app de comida a domicilio y comenzó a pedir rápidamente.

—¡Wow, este restaurante tiene muy buena calificación! Solo que se quejan de que es muy caro, entonces pediré tres órdenes de cada plato estrella.

—Este lugar de comida japonesa en el centro se ve bien, un tazón de Wagyu A5, y también estas brochetas.

—Y esta pastelería francesa en la Plaza de la Fuente Rota, pastel Ópera y una caja de macarons. ¡Mira, cupón de descuento! Cincuenta pesos menos por cada quinientos pesos, ¡qué ofertón!

Pedía mientras murmuraba los nombres de los platillos, gastando cientos de pesos en cada tienda.

La cara de Luis, al ritmo de los nombres de los platillos que ella mencionaba, pasaba de blanco a verde, y de verde a negro, todo un espectáculo.

Mercedes terminó de pedir y le lanzó el celular de vuelta. —No dijiste que te encargabas de mi desayuno, pues paga.

Luis miró el celular. —¿Se va a acabar todo esto?

Mercedes levantó la vista hacia él. —¿Cuando le sirves la comida a mis papás, les preguntas si se lo van a acabar?

Luis no dijo nada más.

Ahora estaba arrepentidísimo.

Media hora después, frente a la puerta de la mansión Huerta, apareció una oleada de repartidores.

Capítulo 6 1

Capítulo 6 2

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