La enfermera, al escuchar el ruido, giró con el bisturí que estaba guardando en la mano. Al ver a Zulma sentarse de golpe, se apresuró a detenerla.
—Señora, acaban de coserle las heridas, no puede moverse así…
No terminó la frase.
Zulma le arrancó el bisturí y lo colocó sobre la arteria del cuello de la enfermera, su mirada era feroz.
—Ni se te ocurra gritar. Ya llevo tres vidas en mis manos. No me molestaría sumar una más.
El terror se apoderó de la enfermera, que se puso pálida al instante.
Zulma la tenía completamente controlada.
Sus ojos desprendían una locura peligrosa, como si en cualquier momento pudiera degollarla sin pensarlo dos veces.
—Tranquilícese, por favor…
La joven enfermera apenas lograba hablar, los labios le temblaban y bajó la voz lo más que pudo.
No quería morir, apenas había aceptado la propuesta de matrimonio de su prometido.
Después de tantas cosas que habían pasado juntos, por fin iban a casarse.
No estaba dispuesta a perder la vida así.
Zulma le hizo una seña para que la ayudara a salir por la puerta del área de residuos médicos.
La enfermera no se atrevió a desobedecer y la ayudó a bajar de la camilla.
Zulma, aunque las piernas le respondían poco, logró sentarse en la silla de ruedas que estaba a un lado.
La enfermera la sacó por la puerta trasera del hospital.
Los policías seguían vigilando la puerta principal del quirófano, sin saber que Zulma había escapado por otra salida.
...
Zulma solo pensaba en huir. Aunque la buscaran por todas partes, todavía podía ingeniárselas para salir del país de forma ilegal.
No iba a quedarse quieta esperando la muerte, eso no estaba en su naturaleza.
Sentada en la silla de ruedas del hospital, cuando llegaron a la puerta, Zulma no dudó en noquear a la enfermera de un golpe certero.
Luego se cubrió la cara con el cabello suelto, bajó la cabeza y comenzó a empujar la silla, intentando pasar desapercibida y escapar antes de que los policías se dieran cuenta.
Cada vez estaba más cerca de la salida.
El corazón de Zulma latía cada vez más rápido. Empujó la silla con toda la fuerza que pudo.
Pero, justo cuando estaba a punto de cruzar la puerta principal, una silueta se interpuso en su camino.

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