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El Día que Se Rompió la Promesa romance Capítulo 550

Zulma perdió la razón.

Tras las torturas sufridas en prisión, su mente acabó completamente dañada.

Se solicitó a expertos para evaluarla y, al final, confirmaron que Zulma padecía un trastorno grave.

Su conducta estaba fuera de control.

Recomendaron que la trasladaran a un hospital psiquiátrico.

Adolfo observaba el informe médico en sus manos, mientras a unos metros de distancia, Zulma, desaliñada y con el cabello enmarañado, murmuraba sola en un rincón.

A ratos se reía como una niña, y de pronto rompía en llanto.

Entre sollozos, su mirada se llenaba de pánico al fijarse en el vacío, perdiendo por completo el control, agitando los brazos y gritando con una voz tan aguda que erizaba la piel.

A veces gritaba:

—¡No te acerques! ¡No me pegues!

Y al instante cambiaba, jadeando:

—¡Yo no fui la que te mató! ¡No fui yo! ¡Déjame en paz!

Otra vez, caía de rodillas, acariciando el suelo como si pudiera tocar a alguien, murmurando:

—Yessie, soy tu mamá...

Y luego, completamente fuera de sí, comenzaba a golpear la cabeza contra la pared, repitiendo sin parar:

—¡Perdón! ¡Perdón! ¡Perdón!

Se golpeaba con tal fuerza que pronto empezó a sangrar, pero ni siquiera parecía sentir dolor, continuando como si nada.

Los guardias la sujetaron para evitar que siguiera lastimándose.

En ese momento, ella vio a Adolfo y se desató aún más, forcejeando como una fiera, el rostro manchado de sangre, pero con una expresión extrañamente dulce, mirándolo con devoción:

—Adolfo, ¿viniste a casarte conmigo?

—Adolfo, tú lo prometiste, dijiste que te casarías conmigo, ¿por qué no lo has hecho?

Adolfo la miraba directo a los ojos, sin un atisbo de emoción.

El informe era real.

Y la mujer frente a él, sin duda, parecía haber perdido el juicio.

Si solo fingía, esa era su última carta para escapar de la cárcel.

Pensó que el hospital psiquiátrico sería mejor que la prisión.

¿O tal vez esperaba aprovechar el traslado para huir?

—Si está enferma, que la lleven al hospital psiquiátrico —sentenció Adolfo, girando sobre sus talones y alejándose del penal.

Zulma fue trasladada como lo ordenaron.

Durante el trayecto, no solo la escoltó la patrulla, sino también gente de confianza de Adolfo, asegurándose de que llegara directo al hospital.

Cuando finalmente la encerraron en el hospital psiquiátrico, Joaquín entró a la oficina de Adolfo a reportarle:

—Señor Adolfo, Zulma intentó armar un escándalo en el camino; cuando pidió ir al baño, enloqueció y trató de huir entre la gente, pero nuestro personal la atrapó de inmediato.

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