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El heredero del ruso romance Capítulo 4

—¿Qué…?

Sus palabras se trasformaron en un gemido de placer cuando él hundió la lengua en su sexo.

Su cuerpo, que apenas comenzaba a calmarse, se elevó a cien grados en un instante, y la presión en su vientre volvió a crecer, intensificándose hasta volverse casi insoportable. Las sensaciones que azotaban su cuerpo eran demasiado.

—Más… más… por favor.

Esta vez él no detuvo sus caricias, todo lo contrario, las fue acelerando cada vez más hasta que Amelia empezó a sentir que iba a perder la cabeza.

Se mordió el labio inferior e intentó recuperar el control de su respiración. Pero la bola de fuego que se había estado gestando en su interior estalló, arrasándola por completo.

—¡Dimitri! —jadeó, mientras él continuaba lamiéndola, alargando su orgasmo.

Dimitri bajó la pierna de Amelia y la sostuvo firmemente por la cintura antes de incorporarse. Se tomó un instante para contemplar su rostro. Tenía el cabello desordenado, algunas hebras pegadas a la frente perlada por el sudor, los ojos cerrados, las mejillas sonrojadas. Era una invitación al pecado.

Se inclinó hacia ella y la besó con ansia, presionando su cuerpo contra el suyo para que notara la firmeza de su erección a través de la ropa. Apenas se separó, apoyó la frente contra la de Amelia, que abrió los ojos, vidriosos y llenos de deseo.

Con un movimiento algo rudo, la giró y la pegó contra el vidrio.

—Me estoy muriendo por enterrarme en ti —susurró en su oído.

Deslizó el cierre del vestido y luego las tiras, dejando que la prenda cayera hasta amontonarse a sus pies. Tomó las manos de Amelia y la apoyó contra los ventanales. Se desvistió con prisa. Luego, con una mano la sujetó por la cintura y con la otra acomodó su miembro entre las piernas de Amelia.

Entonces se hundió en ella de un solo golpe.

—Blin! Eto tak kruto. (¡Joder! Esto se siente demasiado bien.) —gruñó.

Amelia intentó aferrarse a la ventana, mientras un gemido abandonaba su boca. El miembro de Dimitri la estiraba hasta rozar el límite del dolor, pero la sensación era demasiado placentera para que le importara.

Más allá, la ciudad se extendía en un mar de luces borrosas.

Dimitri la sostuvo firmemente de las manos, manteniéndolas por encima de su cabeza, y la embistió una y otra vez, aumentando la intensidad en cada impulso mientras gruñía. El cuerpo de Amelia golpeaba contra el vidrio, ahora empañado por el calor de su cuerpo.

—Más… más —gemía ella entrecortadamente, mezclando palabras ininteligibles con jadeos.

Capítulo 4: Aventura de una noche 1

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