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El Heredero Me Mintió Durante Tres Años romance Capítulo 7

En ese momento, el hombre no respondió a su pregunta sobre si se había aburrido de ella.

Solo dijo:

—Una ruptura en paz es el mejor cierre que podemos tener.

Dina bajó la mirada, incapaz de seguir viéndolo a los ojos.

Sus ojos siempre eran tan serenos. Cuando las cosas estaban bien, irradiaban seguridad y madurez. Cuando estaban mal, eran calculadores y despiadados.

Si ella se había enamorado de su estabilidad, tarde o temprano tendría que soportar el precio de su frialdad.

Dina siempre había entendido esa lógica.

Y había estado dispuesta a asumirla.

Simplemente no esperaba...

Que el momento de pagarlo llegara cuando él le pidiera una ruptura en paz.

Los ojos de Dina se llenaron de lágrimas, que rodaron silenciosamente por sus mejillas.

Nunca había tenido otro novio, ni se imaginó que algún día alguien la dejaría así. No sabía cómo suplicarle que se quedara.

Por lo tanto, solo hubo silencio.

El hombre pareció sentir un poco de lástima. Se levantó, se acercó a ella, se arrodilló y limpió con delicadeza la lágrima de su mejilla.

—Guarda bien la tarjeta. La clave es la misma que el código de tu celular.

—Me iré del país en una semana. Si necesitas algo en los próximos días, puedes llamarme.

—Fui muy feliz contigo. Fue un honor estar a tu lado.

—Cuídate mucho.

Al decir esto, su celular sonó. Contestó y, tras escuchar, respondió un par de veces con un simple "sí".

—Tengo una urgencia. Trata de procesarlo, luego hablamos.

Al parecer, para él lidiar con una ruptura era como rescindir un contrato de negocios.

Dejar los puntos claros, pagar la liquidación pertinente...

Y el asunto estaba cerrado.

La mente de Dina estaba en blanco. Cuando logró reaccionar, el hombre ya se había ido. Se quedó completamente sola en el departamento.

El silencio absoluto de la habitación la hizo sentir fuera de la realidad.

—¿Y si vas a ver cómo está? Entiendo que ya hayan terminado, pero no está bien destrozarle el corazón de esa manera. Con la cara que puso, es obvio que entendió todo mal.

Quien hablaba era Isabel Dimas. Era cinco años mayor que Matías. Su madre la había apadrinado de joven, resultando ser un genio de las finanzas. Tras estudiar en el extranjero, ingresó rápidamente a los altos mandos de la Corporación Hurtado.

Ahora que Matías estaba dirigiendo una de las sucursales como entrenamiento, Doña Eumelia la había puesto como su mano derecha y confidente.

Matías no despegaba la vista del horizonte. —Déjalo. Es mejor que lo haya malinterpretado.

Él era un hombre orientado a resultados.

Si la meta final era terminar.

El proceso siempre sería doloroso, sin importar cómo se hiciera.

Ir tras ella no cambiaría los hechos. Además, esa noche tenían una cena de negocios sumamente importante.

—Pero... —Isabel intentó insistir.

Matías le lanzó una mirada que congelaría a cualquiera.

Ella tuvo que cerrar la boca y guardar silencio.

Llevaba dos años trabajando con Matías. Cuando lo conoció, pensó que, por sus modales impecables, era un hombre tratable y empático, pero la realidad era totalmente opuesta.

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