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EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ romance Capítulo 552

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Julián ya no dijo más y llevó a Vanesa de regreso a la casa de Clarissa Jiménez.

Durante todo el trayecto, Paz no paró de parlotear con Vanesa.

Vanesa la escuchaba con mucha paciencia, respondiendo a cada una de sus palabras.

Mientras tanto...

Fabio, con Santiago en brazos, observaba en silencio el auto que se alejaba.

Las placas de los autos allí eran personalizadas, por lo que era fácil reconocerlas si sabías de quién eran.

Y Fabio reconoció ese vehículo al instante.

Era el de Julián.

La placa era demasiado obvia, un claro mensaje de que Julián amaba a Vanesa.

Quién era esa Vanesa... no hacía falta decirlo.

Fabio pensó en la directora de IGM, Vanesa Arias.

Por alguna razón, sentía una profunda inquietud.

Tras un largo silencio, bajó la mirada sin dejar que sus emociones se notaran.

—¿Fabio? —lo llamó Giselle, al verlo tan distraído.

Él giró a mirarla. No dijo nada, solo se inclinó para acomodar a Santiago en su silla de seguridad.

—¿Qué estabas mirando? —preguntó ella de pronto.

—Nada —respondió con un tono seco, pero sin ser grosero.

Frente a Santiago, Fabio jamás discutiría con Giselle.

Ella lo sabía perfectamente.

—Fabio, ya que pospusimos el regreso a Jalapa, ¿por qué no llevamos a Santiago a Bahía Perla? En Jalapa no hay mar, y él tiene muchas ganas de ir a la playa —sugirió Giselle, usando al niño como excusa.

La relación entre ellos era fría y distante.

Pero Santiago era muy importante para Fabio.

Y era cierto que al niño le encantaba la playa. Por su estado de salud, casi nunca tenía la oportunidad de ir.

Este viaje había sido una excepción, pensado originalmente para ir a un parque de diversiones.

Pero el pequeño se había enfermado.

Sin embargo, Giselle no tenía ninguna intención real de llevarlo por diversión.

—Papi, quiero ir a la playa —murmuró el niño, con voz tímida y un puchero.

La mirada de Fabio se suavizó de inmediato al verlo.

—¿De verdad quieres ir, campeón? —preguntó en voz baja.

Santiago asintió con entusiasmo.

—Sí, mucho.

Y era verdad.

Había pasado demasiado tiempo encerrado en hospitales, desde Jalapa hasta allí.

Ni siquiera había podido ir al parque de diversiones como le habían prometido.

Pero había otra razón más.

Durante su internamiento, había conocido a una niña muy simpática llamada Paz.

Ella le había contado que en cuanto saliera del hospital, se iría a la playa en Bahía Perla.

Le había descrito lo bonito que era el mar.

Y Santiago se había quedado con las ganas de ir.

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