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EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ romance Capítulo 562

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Aquello era una clara advertencia.

Giselle, por supuesto, lo entendía perfectamente.

Sintió un poco de miedo.

Y, ante esa reacción, su resentimiento se transformó en puro victimismo.

—Fabio, lo siento... —murmuró, bajando la cabeza para disculparse.

Sus dedos delicados se aferraron a la manga del traje de él.

—Es que te amo tanto que me pongo nerviosa, tengo pánico de que me dejes. Todos estos años he vivido con esa angustia. Sé que no debería comportarme así, perdóname...

Lo dijo con un hilo de voz.

Toda la agresividad de hace un momento se había esfumado.

—Fabio, por el amor de Santiago, no te enojes conmigo, ¿sí? —Giselle usó la carta de su hijo.

Sabía que Fabio se preocupaba por Santiago.

Para ser exactos, toda la familia Serrano adoraba a ese niño.

Y, tal como esperaba, la sola mención de Santiago hizo que la expresión de Fabio se relajara un poco.

Él bajó la mirada hacia ella.

Giselle seguía mirándolo con ojos lastimeros.

—Fabio...

—¿A qué hora es tu casting mañana? —preguntó él de pronto.

La pregunta tomó a Giselle por sorpresa.

Se quedó pasmada por un segundo, y enseguida un brillo de alegría iluminó sus ojos.

—¿Estás dispuesto a acompañarme al casting?

Fabio no respondió.

Giselle no se atrevió a presionar más y se apresuró a contestar:

—Es a las dos de la tarde.

Fabio murmuró un asentimiento, sin añadir más.

Giselle probó suerte con cautela:

—Fabio, ¿vas a venir conmigo?

—Tengo que regresar a Jalapa. Pero haré una llamada. Si consigues el papel o no, dependerá exclusivamente de ti —dijo Fabio con calma.

El rostro de Giselle se iluminó de pura felicidad.

En todos estos años, era la primera vez que Fabio estaba dispuesto a hablarle en esos términos.

Así que sintió que tenía la victoria asegurada.

Cuando Vanesa abrió los ojos, ya era mediodía.

Julián no la había despertado.

Seguramente sabía que no había descansado bien la noche anterior.

Por eso, desde muy temprano, se había llevado a Paz a desayunar.

Aprovechando que el sol aún no era muy fuerte, se habían quedado jugando en la playa del hotel.

Paz también entendía que su madre necesitaba descansar y no hizo el menor ruido.

Al salir, incluso le había hecho un gesto de «shhh» a Julián, haciéndolo reír con ternura.

Tomándola de la mano, Julián la había llevado directamente al restaurante.

Al despertar y no verlos, Vanesa intuyó dónde estaban.

No lo llamó, solo se acercó a los ventanales panorámicos y vio a Julián abajo en la arena, ayudando a Paz a construir castillos.

La pequeña podía pasarse horas enteras jugando en la arena.

Los ojos de Vanesa se suavizaron con una sonrisa tranquila. Se sentía relajada.

Como si hubiera percibido que Vanesa se había levantado, Julián la llamó de inmediato.

Vanesa vio el nombre en la pantalla y contestó.

Casi al instante, lo vio alzar la vista hacia la ventana de su habitación.

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