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EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ romance Capítulo 587

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Vanesa cerró la puerta.

Al mirar la camiseta que tenía en las manos, reconoció de inmediato el estilo de ropa que a Fabio le gustaba usar en casa.

No dijo ni una palabra.

Durante su matrimonio, jamás fue ella quien se encargó de comprarle la ropa.

Era Giselle quien lo hacía.

Vanesa había tardado demasiado en darse cuenta.

De seguro, por cada prenda que él tenía, Giselle conservaba una pieza igual.

Y ella, en su ignorancia, siempre se había empeñado en buscar la misma marca y el mismo diseño.

Creyendo estúpidamente que así vestirían como una verdadera pareja.

Ahora todo le parecía un chiste de mal gusto.

Pero la camiseta que ahora sostenía era de un tono beige muy sencillo.

Nada que ver con los gustos estrafalarios de la actriz.

Prefirió no darle vueltas al asunto.

Tampoco tenía por qué sentirse incómoda.

Eran prendas nuevas; no había ninguna connotación íntima en usarlas.

Tras una ducha caliente,

lavó a mano su ropa interior y la metió en la secadora.

La camiseta de Fabio le quedaba tan holgada que bien podría pasar por un vestido.

No le dio mayor importancia.

Todo ese ajetreo la había dejado exhausta.

Además, como ya había picado algo en el vuelo, no tenía hambre.

Se sentía satisfecha.

Pero aún era muy temprano para dormir.

Y, para colmo, su mente era un torbellino por todo lo sucedido.

Se recostó contra la cabecera de la cama, sumida en sus pensamientos.

Finalmente, sacó su computadora portátil y decidió adelantar algo de trabajo.

El silencio se rompió cuando su celular vibró. Era Julián.

Contestó enseguida: "¿Ya aterrizaste en Tokio?"

"Sí", respondió él, seguido de una breve pausa antes de preguntar: "¿Sigue lloviendo por allá?"

"Sí, es un diluvio, las calles están intransitables. Quizá aflojó un poco, pero no hace gran diferencia", comentó Vanesa mientras se asomaba por el gran ventanal.

Julián no le hizo ningún reproche.

"¡Está bien, aquí te espero!", le contestó el pequeño, con la misma dulzura.

Y no volvió a decir más, aguardando con paciencia.

Vanesa no quería dejarlo esperando. Estuvo a punto de despedirse de Julián, cuando...

Este la interrumpió con un tono cargado de curiosidad: "Vanesa, parece que ese niño no te desagrada."

La observación la tomó por sorpresa.

Pero le contestó con franqueza: "Es un niño inocente, Julián."

Lo que intentaba decirle era que el rencor entre los adultos no debía salpicar a una criatura.

Julián la conocía de sobra.

Pero también conocía un secreto devastador.

Santiago Serrano era el mismísimo bebé que ella creía haber perdido; era su hijo biológico.

Pero Julián se guardó la verdad.

Solo pensó que, de alguna manera mágica, el instinto maternal de Vanesa la conectaba a él.

A pesar de creer que era el hijo de Giselle, no podía odiarlo.

"Mhm", asintió él suavemente. "¿Y qué hace él ahí?"

"No estoy segura, creo que Giselle salió y él llamó a su papá. Fabio se regresó para buscarlo", le explicó brevemente.

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