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EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ romance Capítulo 772

Los tres se quedaron mirándose frente a frente.

Paz la saludó dulcemente: —¡Hola, Vane! Te llamé y no contestaste, así que Fabio pasó por mí.

Vanesa se quedó sin palabras al instante.

Había despertado de su profundo letargo, vio la hora y, al darse cuenta de que estaba en el apartamento de Fabio, el pánico la invadió por completo.

Su primer impulso fue irse de inmediato.

Estaba aterrada de que a Paz le pasara algo.

La familia Jiménez no era un entorno tranquilo.

Y el cariño de Julián por Paz nunca había sido un secreto.

Temía que ciertas personas dentro de esa familia decidieran lastimar a la niña.

No fue hasta que vio a Fabio entrando sano y salvo junto a Paz, que Vanesa por fin dejó salir un suspiro de alivio.

—Te quedaste dormida allá, así que te traje directamente a mi casa —explicó Fabio, tomando la iniciativa y con una actitud totalmente natural.

La había traído a su casa abiertamente, a la vista de todos.

Vanesa no dijo nada.

No era prudente discutir delante de Paz.

Además, Fabio lo había dicho con tanta tranquilidad y convicción que, ¿qué más podía argumentar ella?

Pero la intensidad con la que Fabio la observaba le seguía erizando la piel.

—Por cierto, ya compré lo que Paz quería cenar. Comeremos juntos —declaró Fabio. Su tono era tranquilo, pero llevaba una firmeza que no admitía ningún rechazo.

Paz ya se había abrazado a Vanesa.

—Vane, ¿te sientes mal? A ver, déjame ver si tienes fiebre —dijo la niña con voz suave, poniéndole la manita en la frente.

Ese gesto le encogió el corazón a Vanesa.

Sabía que, debido a las constantes crisis de salud de la pequeña, Paz estaba tristemente acostumbrada a esos chequeos médicos.

Cuanto más lo pensaba, más callada se quedaba Vanesa.

—No, es solo que he estado muy cansada últimamente, así que tomé unas medicinas y me quedé dormida —murmuró Vanesa.

Paz asintió despacito: —Entonces cenemos y luego nos vamos. No sabía que ya estabas despierta, si lo hubiera sabido no habría venido.

Al decirlo, lanzó una mirada tímida en dirección a la cocina.

Y con una voz un poco vacilante, admitió: —La verdad, creo que la comida que hace Fabio es muy rica, no le pide nada a la de los restaurantes.

—Está bien, comeremos y nos iremos —le concedió Vanesa con voz mimosa.

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