El caos de la situación actual.
El hecho de que Giselle aún no había sido arrestada.
El cierre de los acuerdos entre IGM y el Grupo Serrano.
Y el momento en que Paz pudiera asimilar semejante verdad.
Julián temía que las cosas llegaran a un punto extremo.
—Lo sé —respondió Vanesa, con voz suave, tras un largo silencio.
Aunque en el fondo, no sabía si estaba realmente lista para enfrentarlo.
Julián bajó la mirada hacia ella.
—El otro problema eres tú misma. Tienes que someterte a nuevos exámenes. El doctor que te sacó sangre me confirmó que te has estado excediendo con la medicación. ¿Es cierto?
—Sí —admitió Vanesa sin reparos.
Julián sabía por qué había tomado más de la cuenta.
Por eso no insistió en el tema.
Pero limpiar su organismo sería una tarea titánica.
Había muchas cosas que ahora mismo solo podían tomarse un día a la vez.
Por todo esto, el resentimiento de Julián hacia Fabio había llegado a su límite.
Solo que sabía ocultarlo muy bien frente a Vanesa.
Al ver que Julián permanecía en silencio, Vanesa lo notó demasiado pensativo.
Supuso que estaba enojado.
Soltó un suspiro inaudible y se disculpó.
—Lo siento... Julián.
Él la miró fijamente.
—Vanesa... tú...
No sabía ni qué decirle.
Por vengarse de Fabio, no le había importado poner en riesgo su propia vida, dejando claro que su odio por él era profundo y visceral.
Pero, ¿de qué servía?
¿Acaso detrás de ese odio profundo no se escondía también un atisbo de amor?

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