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EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ romance Capítulo 875

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Tras ver a Paz desaparecer por la puerta de la sala de examinación, Vanesa se dio la vuelta y caminó hacia la habitación de Armando.

El mayordomo la vio acercarse y negó con la cabeza.

—Señora Vanesa, por favor, no altere más a don Armando —le suplicó el hombre.

—No lo haré —respondió ella con una sonrisa cálida.

El mayordomo no insistió.

Era cierto, Vanesa jamás le faltaba el respeto a don Armando; incluso cuando el anciano la regañaba, ella agachaba la cabeza en silencio.

El que realmente lo sacaba de sus casillas a diario era Julián.

Y lo peor era que don Armando no tenía cómo controlar a su propio nieto.

Al final, siempre terminaba pagando los platos rotos con su propia salud.

El mayordomo le abrió la puerta y Vanesa entró a la habitación.

La mirada afilada de don Armando se clavó en ella de inmediato. Vanesa notó que el patriarca no se veía nada bien.

Su semblante estaba demacrado y pálido.

—¿A qué viniste? —preguntó don Armando con un tono glacial.

Vanesa mantuvo la serenidad. —Vine a ver cómo seguía.

—No tengo la dicha de contar con una nieta política como tú —la rechazó tajantemente.

A Vanesa no le afectó en lo absoluto.

Don Armando ya estaba acostumbrado a esa dinámica.

Durante todos esos años, sin importar cuánto la insultara o humillara, Vanesa jamás había perdido los estribos.

Al contrario, su paciencia terminaba desarmando el coraje del anciano.

—Don Armando, solo vine a informarle que Julián y yo vamos a divorciarnos. Él no se irá de Monterrey —dijo Vanesa con voz calmada, sosteniéndole la mirada sin titubear.

La revelación tomó a don Armando por sorpresa.

El divorcio no era lo impactante.

Lo verdaderamente insólito era que Julián hubiera aceptado.

Don Armando conocía el carácter terco de su nieto mejor que nadie.

Por eso, a pesar de odiar ese matrimonio con todo su ser, la presión siempre recaía sobre Julián y no sobre Vanesa.

Él sabía que quien tenía la última palabra en todo ese embrollo era su nieto.

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