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EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ romance Capítulo 903

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Vanesa se contuvo e intentó reprimir a la fuerza el malestar que le oprimía el pecho.

Una vez que logró estabilizar sus emociones, dijo: —Profesor Valenzuela, no se preocupe, realmente no es tan grave como lo dice el señor Serrano.

Andrés, ya fuera por creerle o no, se mantuvo pensativo por unos instantes.

Al rato, fue él quien rompió el silencio: —El señor Serrano parece conocerte a la perfección.

—Viví en Jalapa muchos años y siempre he conocido al señor Serrano —respondió Vanesa con verdades a medias—. Y mis gustos, en realidad, no son ningún secreto.

Esa explicación fue suficiente para que Andrés lo comprendiera y dejara de sospechar.

—Ordenaré de nuevo —dijo Andrés, directo al grano.

Vanesa no lo detuvo.

Pero, para ser sincera, las ganas de cenar se le habían esfumado.

En cuestión de minutos, Andrés pidió nuevos platillos que no le harían daño a Vanesa.

Ella se mantuvo muy callada.

Al notar la tensión, Sofía intervino para avivar el ambiente. Logró que la situación no fuera tan desastrosa, aunque distaba mucho de ser ideal.

Mientras tanto, Fabio había regresado a la habitación privada.

Cuando abrió la puerta, Santiago se asomó a mirar.

Notó que Fabio venía completamente solo.

—Papi, ¿la tía Vane no vino? —preguntó Santiago sin poder aguantar la curiosidad.

—Hm —respondió Fabio con parquedad.

Santiago, entendiendo la indirecta, guardó silencio obedientemente.

Padre e hijo cenaron a solas en el salón reservado.

Al terminar, el asistente Medina llegó para entregarle a Fabio los boletos del teatro para esa noche.

—Señor Serrano, aquí tiene los boletos. El asiento de la señorita Arias está justo al lado del suyo —informó el asistente.

Ya que Andrés había sido quien compró las entradas, rastrear la ubicación no había sido ningún problema.

Fabio asintió con un simple "hm".

En un instante, Carlos Medina desapareció sin hacer ruido.

Solo entonces Fabio se dirigió a Santiago: —¿Quieres ir a ver una obra de teatro?

Santiago hizo un puchero; la verdad, no tenía muchas ganas.

Pero al recordar que Vanesa estaría allí, junto con el hombre que quería conquistarla, su actitud cambió.

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