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EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ romance Capítulo 916

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Aquella confirmación pareció darle a Santiago la tranquilidad que tanto anhelaba.

Pero un segundo después, tal vez por el devastador efecto de la fiebre o por puro agotamiento, el pequeño se desvaneció en los brazos de Vanesa.

—¡¿Santiago?! ¡Santiago! —gritó Vanesa, con la voz cargada de pánico—. ¡Por favor, acelere! —le suplicó al conductor.

El taxista, notando la urgencia en el espejo retrovisor, no lo dudó y pisó el acelerador a fondo.

Por suerte, el hospital no quedaba muy lejos de la escuela.

En cuestión de diez minutos, ya estaban entrando por urgencias.

El equipo médico estaba listo y lo trasladaron de inmediato a la sala de revisión.

Vanesa se quedó de pie en el pasillo, con la mirada fija en la pantalla de su teléfono.

Sin dudarlo un segundo más, marcó el número de Fabio.

Él no había contestado las llamadas del colegio.

Pero en cuanto vio el nombre de Vanesa, respondió al primer tono.

—¿Qué pasó? —La voz de Fabio sonaba serena, como si ignorara por completo la emergencia.

—Santiago está volando en fiebre, se desmayó. Estamos en el hospital —informó ella de manera directa y concisa.

—Voy para allá de inmediato —La reacción de Fabio fue fulminante.

No perdió el tiempo haciendo preguntas inútiles.

Además, sabían que no era el momento ni el lugar para discutir los detalles por teléfono.

Vanesa le dictó la dirección exacta y cortó la llamada.

Fabio no volvió a marcarle.

Ella se quedó esperando afuera de la sala de revisión.

Debido al delicado historial clínico del niño, los médicos tardaron bastante tiempo en lograr estabilizarlo.

Para cuando Fabio cruzó las puertas de urgencias, a Santiago ya lo habían trasladado a la unidad de cuidados intensivos.

El médico a cargo procedió a explicarle a Fabio cada detalle sobre el estado de su hijo.

Casi en paralelo, Sebastián Lema se había comunicado con el hospital.

Después de todo, él era el especialista que llevaba el control de la salud del pequeño desde el principio.

Al escuchar que todo estaba bajo control, Vanesa finalmente soltó un largo suspiro de alivio.

—¿Tú lo trajiste desde el colegio? —le preguntó Fabio en voz baja, clavando su mirada en ella.

Como Santiago seguía inconsciente dentro de la UCI, no tenía sentido que ninguno de los dos entrara en ese momento.

Solo aumentarían el riesgo de una infección cruzada.

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