—Incluso si volvemos a tener una relación normal de pareja, no te obligaré a hacer nada —concluyó Fabio con absoluta tranquilidad.
Quizás su oferta sonaba demasiado sincera.
Y Vanesa anhelaba desesperadamente saber si de esa manera, finalmente, podría librarse de él.
Esa chispa de curiosidad en lo más profundo de su ser se volvió cada vez más fuerte.
Para Vanesa, la vida siempre había sido una apuesta.
Ya había apostado incontables veces, así que sentía que una vez más no haría tanta diferencia.
—Fabio —pronunció nuevamente su nombre.
—Aquí estoy —respondió él.
—Solo por estas vacaciones —acordó ella con frialdad—. Pero no te hagas ilusiones, tú y yo no tenemos futuro. Y en cuanto a Paz, nada va a cambiar.
—Solo quiero hacer esto para poder cerrar el capítulo por mí misma —le dejó en claro sus intenciones.
Desde ahora hasta el final de las vacaciones quedaban cerca de dos meses.
En la capital las temperaturas bajaban rápido, por lo que el receso comenzaba antes.
Además, debido a su accidente, Vanesa ya había comenzado su descanso por adelantado.
Con tanto tiempo libre, podrían convivir sin afectar las rutinas de nadie más.
Vanesa no quería que la relación entre los dos se complicara de nuevo.
Si el objetivo era simplemente encontrar paz mental, dos meses eran más que suficientes.
Si no fuera por esa razón, continuar con esta farsa no tendría ningún sentido.
Bajo esa lógica, poco a poco comenzó a relajarse.
Fabio siguió mirándola fijamente.
Luego respondió: —De acuerdo.
Su tono de voz era completamente neutral.
No la contradijo y aceptó sus condiciones sin rechistar.
—Descansa —dijo con una leve sonrisa.
—Oh —murmuró ella.
Y, en efecto, se acostó.
Fabio apagó las luces, dejando encendida únicamente una pequeña lámpara de noche.
Luego se dio la media vuelta y salió de la habitación en silencio.

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