En aquel entonces, las tres poderosas facciones se habían movilizado, pero hasta el momento ninguna tenía noticias sobre Gabriela. Lo significaba que no se había escapado por su cuenta; sino que alguien se la había llevado, demostrando que la fuerza detrás de esa persona era formidable.
Fausto negó con la cabeza, tomando el cigarrillo que sostenía entre sus dedos y lo lanzó lejos.
"Deja de fumar, si sigues así, vas a terminar muerto antes de que la encontremos."
Sebastián se frotó la cara con fuerza y bajó del auto, decidido a seguir buscando.
Pero su vehículo, después de una noche entera en marcha, estaba cubierto de barro por todas partes.
Lo mismo sucedía con sus pantalones, completamente embarrados.
El imponente presidente de Corporación Sagel, quien había desaparecido; ahora estaba totalmente desaliñado.e2
Cuando bajó del auto, casi se cayó de cabeza, pero por suerte Fausto lo sostuvo.
Habían buscado en un radio de diez kilómetros alrededor de la villa, ¿cómo era posible que no la encontraran?
¿Dónde diablos estaba Gabriela?
¿Acaso había muerto?
Solo de pensar en esa posibilidad, Sebastián sentía que le apretaban el corazón.
Sus ojos estaban rojos, y el mundo parecía girar a su alrededor.
Gabi...
Un destello de ira se extendió desde lo más profundo de su ser, y envió un mensaje.
Diez minutos más tarde, la villa de Ian fue reducida a escombros por diez enormes excavadoras.
Pero Ian estaba en el hospital, cuidando de Mercedes, y aún no había recibido la noticia.
El mensaje, sin embargo, se había esparcido rápidamente entre los círculos sociales; todos habían estado hablando animadamente al principio, pero al ver el estado de la villa de Ian, los grupos que comentaban el asunto se disolvieron.
Temían que la ira de Sebastián, enloquecido, se volviera contra ellos.
La desaparición de Gabriela se había vuelto un tema conocido por todos.
Durante tres días enteros, nadie estuvo tranquilo.
Buscaron en todos los lugares posibles, pero Gabriela había desaparecido como por arte de magia.
Sebastián pasó de la furia inicial a una calma forzada, y luego a un silencio sepulcral.
"Lo hago por tu bien."
"Puedes irte." Dijo soltando una sonrisa fría.
Era la primera vez que le hablaba así a su padre.
Juan quedó descolocado, sintiéndose incómodo y asfixiado, finalmente se marchó.
Una vez en su auto, suspiró ligeramente, aún sin saber cómo tratar con su hijo menor.
Como padre, en verdad se sentía aliviado por la desaparición de Gabriela.
Dejó los documentos en manos de Jack, que ya lo estaba esperando, listo para llevárselos.
“Zack, la verdad es que tu temperamento es más adecuado para dirigir la Corporación Sagel. Sebas actúa demasiado a la ligera, esta vez se ha ganado el odio eterno de la familia Sánchez, y no quiero ni pensar en los problemas que nos esperan cuando Ian recobre el sentido.”
Se decía que Mercedes había estado luchando por su vida en el hospital durante tres días, con Ian y Roque a su lado sin moverse ni un centímetro. Por ahora, parecía que solo estaban retrasando su venganza contra Sebastián.
Mientras Jack revisaba los documentos, registraba mentalmente los proyectos en los que la Corporación Sagel estaba involucrada.
Ahora que Sebastián había perdido toda confianza en enfrentar cualquier desafío, era el momento perfecto para tomar el control de la compañía.

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