Mercedes notó el cambio en la atmósfera matutina y su rostro se arrugó como si hubiera comido limón.
“Nancy, ¿cómo tienes el descaro de venir a buscarme? Ya te estoy haciendo un favor al no mandarte a la cárcel. ¿Acaso quieres que salve a tus secuaces?”
“Srta. Sánchez, estoy dispuesta a hacer cualquier cosa si usted me ayuda.”
Mercedes, desinteresada, se pintaba las uñas, sin siquiera mirarla.
“Entonces demuéstrame tu buena fe. Haz algo que me alegre.”
Estaba pidiéndole que se enfrentara a Gabriela.
Nancy inhaló profundamente, sin más opciones.e2
“Lo entiendo, Srta. Sánchez. Solo espere las buenas noticias.”
Mercedes soltó una risita fría, claramente sin tomar en serio sus palabras.
Cuando Nancy se fue, sus ojos destilaban veneno.
Ella había sido víctima de Gabriela, y estaba segura de que ella estaba detrás de todas esas filtraciones.
¡Maldita perra!
Nancy respiró hondo, repasando todos los eventos recientes, y entonces pensó en la familia Ramos.
Bárbara ya había sido capturada por Alejandro Ramos, quien aún estaba buscando el cuerpo de Ainhoa Barrientos a orillas del río. Todo en la familia Ramos estaba bajo su control, y se había vuelto más impredecible que nunca.
Nancy había averiguado que Ainhoa era una de las artistas contratadas por Gabriela. Aunque aún no sabía por qué Eclipse Movie la había fichado, tenía una idea en mente.
Nancy condujo hasta el río, donde aún había gente buscando en el agua.
Los profesionales ya se habían ido, ya que después de tantos días, incluso si encontraban un cuerpo, estaría en un avanzado estado de descomposición.
Pero Alejandro no estaba dispuesto a renunciar. Iba a supervisar todos los días, incluso había trasladado su oficina a su coche.
Manejaba los asuntos de su compañía y de la familia Ramos desde su auto junto al río.
Sería el primero en enterarse si había noticias de Ainhoa.
Cuando Nancy vio a Alejandro, se asustó.
Los ojos del hombre estaban enrojecidos, su barba crecía descuidadamente y las ojeras bajo sus ojos eran profundas. Cuando no estaba mirando su computadora, sus ojos estaban fijos en el río.
No escuchaba a nadie que intentara razonar con él. Tenía que encontrar a Ainhoa.
Ella no podía estar muerta. Tenían que casarse.
Al pensar en el matrimonio, sintió un dolor agudo en el pecho. Si su identidad no hubiera sido expuesta, ya estarían casados. No le importaba su pasado, igualmente la protegería toda su vida.

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