Noelia bajó la mirada.
—¿Y Aitana? ¿Vamos por ella para que se venga?
Nazario asintió.
—Sí.
Mientras caminaban, dijo:
—Ella es bien workaholic; capaz que se queda a hacer horas extra… pero hoy no. Hoy nos la llevamos a cenar.
Lo que Nazario quería era aprovechar para aclarar el malentendido y arreglarse con Aitana.
Llegó al área técnica, buscó por todos lados y no la vio.
Jovita le dijo:
—Aitana se fue hace como diez minutos.
—¿A dónde?
—Pues… ya salió, supongo.
Nazario frunció el ceño, sacó el celular y le marcó.
No contestó.
¿Aitana saliendo temprano?
No era su estilo.
¿Se habría ido antes para ordenar la casa y esperarlos allá?
Nazario se convenció de que sí. «Así es ella: dura por fuera, blandita por dentro.»
Noelia lo vio salir solo.
—¿Aitana todavía no sale?
—Ya se fue. Seguro se fue a la casa a dejar todo listo. Es bien de decir las cosas feo, pero por dentro es buena… Debió pensar que tú y Tania se van a quedar y se puso a preparar el cuarto.
Era pura suposición de Nazario.
Noelia no dijo nada; solo asintió y se fue con él a cenar.
Después de cenar, Nazario checó el celular. El mensaje que le había mandado a Aitana seguía sin respuesta.
Manejaron de regreso.
Abrió la puerta.
No era como se lo imaginaba.
La casa estaba a oscuras.
Aitana no estaba.
Todo se sentía frío, vacío.
Noelia se sorprendió.
—Entonces Aitana no regresó…
Nazario no se dio por vencido; recorrió la casa.
Nada.
Volvió a marcarle. Otra vez, nada.
Luego buscó el número de Viviana y le llamó.
—¿Bueno? ¿Quién habla?
Viviana estaba dándole de comer a su bebé. Le entró una llamada de un número desconocido; como del otro lado no decían nada, pensó que era publicidad y ya iba a colgar.

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