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El Padre Multimillonario de Mi Hijo romance Capítulo 1

—¡No tienes vergüenza! ¡No eres más que una fulana!

La que había sido una boda alegre y romántica se convirtió de repente en un caos. Entre los murmullos, Jessica Scott levantó la mirada y se encontró con una escena impactante: en la enorme pantalla se proyectaban varias imágenes explícitas.

Sin duda, la mujer de las fotos era ella, pero el hombre enredado con ella en la cama no era su prometido, Hugh Hensley. Por un breve instante, Jessica quedó paralizada, con la mente en blanco. ¿Qué estaba sucediendo?

¿De dónde habían salido esas fotos? En las imágenes, ella estaba atrapada debajo de un hombre, su rostro claramente visible desde todos los ángulos. Sin embargo, las facciones del hombre permanecían ocultas, revelando solo su espalda o el perfil de su rostro.

¡Estaba segura de que nunca antes había visto a ese hombre! Jessica se volvió instintivamente hacia Hugh, quien la miraba con el rostro pálido y los ojos ardiendo de furia.

—¡Hija de Pu*a! ¡Cómo te atreves a engañarme! —Antes de que pudiera articular palabra, Hugh la golpeó en la cara con una fuerte bofetada.

¡Plaf!

La fuerza del golpe hizo que Jessica cayera al suelo. El dolor se extendió por su mejilla, que se hinchó al instante. Agarrándose la cara, levantó los ojos hacia él y suplicó:

—Hugh, ¡esto no es lo que parece! ¡Tiene que haber un malentendido!

—¿Un malentendido? ¿De verdad vas a negar que la mujer de esas fotos eres tú? —El rostro de Hugh se quedó sin color mientras rugía, conteniendo a duras penas su furia.

Jessica se estremeció.

—Yo… no tengo ni idea de cómo ha pasado esto. — El pánico se apoderó de ella: sabía que no había estado con ningún hombre, excepto aquella noche…

Hugh le agarró la barbilla con fuerza, apretándola dolorosamente—. , ¿puedes jurarme que nunca has estado con otro hombre?

—Yo…

Las palabras se atragantaron en la garganta de Jessica cuando su mejor amiga, Rhea Benton, intervino de repente.

—Jessica, el mes pasado, el día del cumpleaños de Hugh, no volviste a casa. ¿Con quién estabas?

Jessica estaba estupefacta. Esa noche había estado bebiendo y solo tenía un vago recuerdo de haber estado en un hotel con Hugh.

—¡Estuve con Hugh en el hotel esa noche! —soltó sin dudar.

Sin embargo, Hugh soltó una risa fría.

—Estaba borracho esa noche y me fui a casa temprano. ¿Cómo podría haber estado en el hotel contigo?

Jessica se quedó paralizada, con la sangre abandonando su rostro.

«Si no había sido él esa noche… entonces, ¿quién podría haber sido?».

Una ola de pánico la invadió y las piernas le fallaron. Se derrumbó en el suelo, completamente conmocionada. Al ver su reacción, la expresión de Hugh se endureció. Su voz era gélida cuando declaró:

—¡Bien! ¡Muy bien!, Jessica! ¡Anula la boda, ahora mismo!

—¡No! —Jessica volvió a la realidad.

—Hugh, ¡yo no te traicioné! Alguien me tendió una trampa, ¡tienes que creerme! —Su voz temblaba de desesperación.

—Jessica, tienes que entenderlo: Hugh ahora me pertenece a mí. —Se aseguró de hacer alarde del enorme anillo de diamantes que lucía en su dedo. Con una sonrisa pícara, Rhea se inclinó y susurró, dirigiéndose solo a Jessica—: ¿Te gusta el regalo de boda que te he preparado?

Los ojos de Jessica se abrieron como platos al darse cuenta: ¡esas fotos eran obra de Rhea! La furia la invadió y apenas pudo contenerse para no borrarle esa sonrisa de satisfacción de la cara.

—¡Rhea! Fuiste tú, ¿verdad?

Antes de que pudiera terminar, Rhea movió con indiferencia la muñeca e hizo una señal a los guardias de seguridad.

—Echen a esta mujer vergonzosa —ordenó, comportándose ya con la autoridad de la Señora Hensley.

—¡Suéltenme! —Jessica se debatió entre los guardias, pero por más que luchara, era inútil.

Los guardias de seguridad la sacaron sin dudarlo. Sentía el pecho arder de rabia: ¡nunca imaginó que su mejor amiga la traicionaría de esa manera, atrapándola en un plan tan cruel!

¿Y el hombre que una vez le juró amor eterno? Se quedó allí, observando todo con una mirada fría. Abandonada en la entrada del hotel, apenas tuvo tiempo de asimilar la humillación antes de que su teléfono sonara. Era el hospital.

—Señorita Scott, lamentamos informarle… que su padre ha fallecido.

—¡¿Qué?!— Su mano tembló, el teléfono se le resbaló y cayó al suelo mientras un dolor agudo le atravesaba el corazón.

Se obligó a ponerse de pie, desesperada por correr al hospital, pero un dolor repentino y abrasador le atravesó el abdomen. Una sensación cálida y húmeda se extendió por sus piernas: era sangre. Jadeó horrorizada, agarrándose el estómago con agonía y desesperación.

—Mi bebé…

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