Tras la escena en el restaurante, Lydia no perdió tiempo lamentando la comida interrumpida con Dante. Sin embargo, al pasar frente a una farmacia, se detuvo, una idea práctica cruzando su mente.
En el interior, bajo la luz fluorescente, se acercó al mostrador con determinación. "Buenas, me da una caja de pastillas anticonceptivas, por favor."
No era deseo lo que la motivaba, sino precaución. La noche anterior había revelado un lado de Dante que la había dejado profundamente perturbada. Si había sido capaz de usar una mordaza, ¿qué otros límites podría cruzar? No podía arriesgarse a dejar Nueva Castilla con un recuerdo permanente creciendo en su vientre.
Mientras guardaba la caja en su bolso, no notó la figura que la observaba desde los pasillos de la farmacia. Solo cuando alcanzaba la puerta, un toque en su hombro la detuvo.
"¿Así que comprando pastillas, eh? ¿Dante no quiere que tengas su hijo?"
La voz destilaba malicia refinada. Lydia se giró, encontrándose con la sonrisa burlona de Natalia Monroy. La historia detrás de esa sonrisa era un tapiz complejo de traición familiar y ambición desmedida.



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