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El Precio del Desprecio: Dulce Venganza romance Capítulo 100

—¡No! —negó Valentina. — ¡Anoche no estuve con él!

Al escuchar su negativa, Mateo se burló internamente. Qué desesperada estaba por ocultar a que habían estado juntos. Qué buena era mintiendo.

¡Pequeña mentirosa!

Luis se volvió hacia Mateo. —¿Por qué no dices nada?

Mateo permaneció impasible. —Ella ya lo ha dicho todo, ¿no?

Que sea como ella quiera.

Valentina se removió, incómoda. —Bueno, los dejo para que hablen. Me retiro.

Cuando salió, Luis se acercó a Mateo y protestó: —Deberías ser más considerado.

Él lo miró, sin comprender.

—Cuando ella y yo estemos juntos, deberías buscar una excusa para irte. Ya sabes, darnos algo de privacidad, ¿entiendes?

No podía creerlo. Esta era su oficina, ¿y el que sobraba era él?

—Entonces váyanse ustedes. —Respondió.

—Vamos, Mateo, ¿qué actitud es esa? Soy tu mejor amigo. Y si tu mejor amigo está cortejando a una chica, ¿no deberías ayudarlo? Además, antes aprobaste que la persiguiera.

Mateo suspiró.

Valentina seguía siendo su esposa y él no era muy fan de llevar cuernos.

—¿No eres todo un experto en romance? ¿Acaso hay alguna mujer que se te resista? —comentó sin interés.

—Ella es diferente. Es tan pura que temo asustarla.

Mateo hizo una pausa. ¿Pura?

Los labios de Mateo se tensaron en una línea fría. Cuando dijo que lo manejaría ella misma, pensó que encontraría alguna forma de evitar la conferencia, no que iría sola a lidiar con eso.

¿En qué estaba pensando?

¿No estaría pensando en meterse en problemas?

Mateo se levantó y se dirigió a la puerta con pasos largos: —Preparen el auto, vamos a la conferencia de prensa.

Quería ver qué pretendía.

Luis lo siguió: —Mateo, llévame contigo.

La conferencia de prensa era un evento masivo. Los treinta y seis medios más importantes de Nueva Celestia estaban presentes, con reporteros emocionados disparando sus cámaras sin cesar.

Frente a las cámaras, Gonzalo entró en su papel de hombre honesto y, entre lágrimas, declaró: —Aunque Valentina es mi hija adoptiva, siempre la he tratado como si fuera mi propia hija...

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