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El Precio del Desprecio: Dulce Venganza romance Capítulo 102

Todo el recinto en donde se llevaba a cabo la conferencia hervía de indignación, con todos arremetiendo contra Valentina.

Mateo la observaba con mirada penetrante. Se lo merecía por imprudente. ¿Acaso no sabía que se estaba metiendo en la boca del lobo?

—¡Mierda! —Masculló Luis, dispuesto a protegerla.

Pero alguien se le adelantó: Mateo ya se estaba moviendo.

Luis suspiró, frustrado. “Mateo, ¿dónde está tu consideración? ¿Por qué eres tan inoportuno?” —Pensó.

Sin embargo, el caos dio paso al silencio cuando Valentina levantó sus ojos y recorrió la sala con calma, emitía una presencia poderosa que callaba a todos a su paso.

Mateo se detuvo. Nunca la había visto así.

Todos la observaban asombrados. ¿De dónde salía esa presencia tan imponente que inspiraba temor?

Ella terminó su recorrido visual y fijó su mirada en Gonzalo. —¿Creíste que vine sola?

Él se sobresaltó. —¿Qué quieres decir?

Entonces, Camila habló. —¡Ahí está! ¡Es él!

Al voltear, todos vieron entrar a un grupo de policías que se dirigían hacia Gonzalo con una orden de arresto. —Señor, queda detenido por extorsión, secuestro e intento de violación, entre otros cargos.

Las esposas se cerraron sobre sus muñecas con un chasquido metálico.

La bomba estalló en la sala. La situación había dado un giro dramático y nadie entendía qué estaba pasando.

La audiencia contempló la foto sin poder contener su horror.

—Hace poco salió de prisión y volvió a buscarme. —Continuó. — Primero me extorsionó con esta foto pidiendo un millón de dólares, luego me secuestró en un club nocturno dejándome inconsciente para poco después intentar violarme en una cueva.

Valentina sacó un pequeño dispositivo de vigilancia y miró a Gonzalo. —He llevado este grabador todo el tiempo. Aquí está registrada toda la evidencia de sus crímenes.

Gonzalo estaba atónito. No podía creer que hubiera estado grabando todo.

¿Cómo se había atrevido?

Valentina se acercó a él y, aunque parecía que le estaba hablando a él, sus ojos miraban a Catalina: —Fui la primera en saber de tu liberación. Creíste que me habías atrapado, pero en realidad yo te estaba esperando. Diez años de prisión no fueron suficientes. Esta vez, te enviaré de vuelta con mis propias manos, y no saldrás jamás.

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