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El Precio del Desprecio: Dulce Venganza romance Capítulo 104

La derrota en la conferencia de prensa fue total y absoluta para ellas.

—Hija, perdóname. —Se apresuró a decir Catalina. —Tu madre te malinterpretó. Déjame explicarte, yo no sabía nada...

Valentina la miró fijamente. —¿De verdad no sabías nada?

Al tiempo, se acercaron algunos policías a Catalina. —Señora, usted ocultó y protegió a un fugitivo. Tenemos motivos para sospechar que es su cómplice. Deberá acompañarnos para ser interrogada.

Dos oficiales la sujetaron mientras sentía que su cabeza daba vueltas, recordando que sí le había dado refugio cuando escapó.

Miró a Valentina atónita. —¿Fuiste tú?

Ella había hecho que Fernando liberara a Gonzalo, sabiendo que iría directamente a los Méndez.

—No entiendo de qué hablas. —Respondió con inocencia y una leve sonrisa. —No necesitas explicarme nada a mí, mamá. Explícaselo a la justicia.

—¡Tú...!

Gonzalo gritó desesperado mientras lo arrastraban. —¡No quiero volver a prisión! ¡Señora Méndez, sálveme, por favor!

Todas las miradas se dirigieron a Catalina y comenzaron los murmullos.

Su imagen de "buena madre" se estaba desmoronando.

—¡Cállate! ¡Que alguien lo calle! —Gritó, pálida.

Los periodistas comenzaron a especular:

—¿Cómo no iba a saber que estuvo en prisión por abusar de menores?

—¿Qué clase de madre se asocia con alguien que abusó de su propia hija?

—¿No lo sabían? Esta señora es una lamebotas, primero de Ángel y ahora de Luciana.

Catalina se descontroló al escuchar el apodo de "lamebotas" —¡No, no es así!

—Si te gustan, come muchas. —Sonrió. —Son buenas para el cerebro.

Y se marchó.

Camila soltó una risita y la siguió.

Cuando finalmente entendió, su culpa se evaporó.

¿Le estaba diciendo que necesitaba más cerebro? ¿Lo estaba llamando idiota?

—¡Vuelve aquí y explícate! —rugió furioso.

Luciana se le acercó, temiendo perderlo también. —Joaquín, yo tampoco sabía nada. ¿Cómo iba a imaginar que ese hombre era así?

—No menciones a ese monstruo. —Escupió él, con desprecio. —Espero que se pudra en la cárcel. Luciana, no te culpes, eres hermosa y bondadosa, seguro también te engañó.

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