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El Precio del Desprecio: Dulce Venganza romance Capítulo 311

Finalmente, era el día del tan esperado Foro Académico Cumbre. Valentina se levantó muy temprano y buscó a Daniela.

—Daniela, vamos, hoy vamos a divertirnos.

—¿A dónde vamos? Hoy muchos compañeros han ido al foro académico. Dicen que el señor Figueroa y esa joven prodigio harán una presentación juntos. —Comentó Daniela con curiosidad.

Ella sonrió. —Precisamente, iremos a ese evento.

Daniela quedó boquiabierta. ¿Qué?

Media hora después, las dos llegaron al lugar. Los académicos más destacados de diversos campos habían acudido, creando un ambiente muy animado.

Desde lejos, Valentina divisó a muchas caras conocidas. Mariana había venido con varios de sus compañeros de la Universidad Nacional.

Después de la bochornosa declaración de Mauro, ella había pedido a su padre que usara sus contactos para conseguir invitaciones para el foro.

Los compañeros que trajo estaban adulándola, mejorando considerablemente su situación. Así que ella se sentía triunfante y no dejaba de sonreír.

Valentina también vio a su familia completa, los Méndez. Había venido, tal como habían dicho, para conocer a la joven prodigio.

Luciana pronto descubrió a Valentina entre la multitud. —¿Cómo es que entraste?

La mirada arrogante de Dana también cayó sobre ella. —Este es un evento académico muy respetado. ¿Cómo una persona que dejó de estudiar a los dieciséis años viene a este lugar? ¿Pretendes avergonzar a la familia?

Marcela, su abuela, la reprendió con voz dura. —Vete de aquí. Para estar en este lugar se necesita una invitación. ¿Tienes una?

Valentina miró a las personas frente a ella y negó con la cabeza.

Dana y Luciana sí habían tenido un desempeño excelente en sus estudios. Por eso es que Marcela las había considerado las joyas de la familia.

Los compañeros rieron. —¿No te da vergüenza?

—Vete a dormir, no hagas el ridículo.

Todos se burlaban, pero ella no se sentía molesta en absoluto. Al contrario, les sonreía.

Daniela ya estaba furiosa. Esas personas eran demasiado crueles. Señaló a Marcela y Catalina. —¿Ustedes, de verdad, son familia de Valentina? Son su abuela y su madre. Y ambas lideran el acoso en su contra. ¡Hasta dudo que ella sea parte de su familia!

Lo cierto era que Valentina ya estaba acostumbrada. Para ella tener familia era como no tener nada. Era casi una huérfana.

Al escuchar ese reproche, algo destelló en los ojos de Marcela. Aunque Valentina era la hija de su hijo mayor, Alejandro, en su corazón y en sus ojos solo existía Luciana.

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