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El Precio del Desprecio: Dulce Venganza romance Capítulo 397

Valentina no dijo mucho más: —Mañana frente a la antigua casona de los Méndez, yo traeré al falso doctor milagro, ustedes traigan las cenizas de mi padre y haremos el intercambio cara a cara.

Dicho esto, Valentina entró y cerró la puerta del apartamento de un portazo.

Todos quedaron sin opciones.

Catalina, con expresión de desconfianza, comentó: —Ya hemos presentado la denuncia y estamos buscando a ese falso doctor milagro por todos los medios posibles, pero parece que se ha esfumado de la faz de la tierra, ni siquiera se ve su sombra. Y ahora Valentina dice que mañana lo traerá. ¿Por qué me cuesta tanto creerle?

Dana miró hacia Mateo: —Señor Figueroa, ¿qué opina usted?

Mateo contempló la puerta cerrada del apartamento y, apretando levemente sus labios finos, respondió: —A estas alturas, aparte de confiar en Valentina, parece que no tienen otra opción.

Todos se resignaron.

—Entonces esperemos hasta mañana, a ver si Valentina puede traer al falso doctor milagro —sentenció Marcela, dando un golpe en la mesa.

Luciana, aferrándose al brazo de Mateo con coquetería, se quejó: —Mateo, esta noche nos hemos quedado sin hogar...

Mateo movió ligeramente los labios: —Le diré a mi secretaria que haga los arreglos para llevarlos a la suite presidencial de un hotel para que descansen esta noche.

Los ojos de Marcela se iluminaron al instante: —¡Gracias, señor Figueroa!

Catalina también sonrió y aprovechó la oportunidad: —Luciana, quizás tú no necesites ir al hotel con nosotros. El señor Figueroa vive aquí mismo, ¿por qué no te quedas con él esta noche?

Luciana miró a Mateo con expresión radiante: —Mateo, yo...

Mateo retiró su brazo y respondió sin mostrar emoción alguna: —Hoy tengo que trabajar hasta muy tarde. Vayan todos al hotel y descansen temprano.

Tras decir esto, Mateo entró en su apartamento y también cerró la puerta con un portazo.

—Y yo que pensaba que ustedes podrían unir fuerzas para organizar la boda del siglo. Veo que los sobrestimé. ¡Vámonos!

Todos siguieron a Marcela, marchándose con la cola entre las piernas.

...

Dentro del apartamento, Mateo permanecía de pie frente al ventanal, con su imponente estatura. Fernando llegó y se quedó detrás de él: —Presidente, ya hemos enviado gente a buscar al falso doctor milagro. Este falso doctor ya estaba preparado para huir, necesitaremos algo de tiempo para encontrarlo.

Mateo se quitó el abrigo, quedando con su camisa blanca y chaleco ejecutivo. Se peinó el flequillo hacia atrás, revelando su rostro apuesto y distinguido. Estos días había estado muy ocupado, acababa de regresar de Ushuaia y tenía muchos documentos por revisar.

Fernando preguntó con curiosidad: —Presidente, si ya estamos buscando al falso doctor milagro, ¿por qué permite que la señorita Luciana y los demás recurran a otras personas?

Mateo desabrochó los botones de su camisa blanca y se arremangó dos veces. Giró la cabeza para mirar a Fernando: —Siempre he estado buscando al verdadero doctor milagro, pero este auténtico doctor es como un dragón del que solo se ve la cabeza pero nunca la cola. Este incidente es una excelente oportunidad; quiero quedarme atrás observando, para ver si en medio de toda esta agitación, el verdadero doctor milagro finalmente muestra su rostro.

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