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El Precio del Desprecio: Dulce Venganza romance Capítulo 604

Daniela se quedó completamente paralizada en la entrada. Miraba incrédula la escena frente a ella: Diego realmente se estaba casando con Viviana.¿Cómo era posible?

—Daniela, ¿ahora lo ves? —dijo Mauro—. ¡Esta es la boda de Diego y Viviana!

Daniela negó con la cabeza y retrocedió un paso.

Dentro, el maestro de ceremonias subió al escenario.

—Distinguidos invitados, gracias a todos por tomarse el tiempo de asistir a la boda del señor Diego y la señorita Viviana. Ahora declaro que la ceremonia comienza oficialmente. Con ustedes, los novios.

Las luces del interior se atenuaron rápidamente y comenzó a sonar la melodiosa "Marcha Nupcial". Viviana, del brazo de Diego, caminó por la alfombra roja. Ambos avanzaron lentamente hasta llegar frente al sacerdote.

El sacerdote los miró y dijo:

—Viviana Veloz, ¿aceptas voluntariamente a Diego Quezada como tu esposo, para amarlo en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte los separe?

Con timidez, Viviana respondió:

—Sí, acepto.

El sacerdote se volvió hacia Diego:

—Diego Quezada, ¿aceptas voluntariamente a Viviana Veloz como tu esposa, para amarla en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte los separe?

Daniela escuchó el sonido de su corazón rompiéndose. Sentía como si un cuchillo se hubiera clavado profundamente en su pecho. Nunca hubiera imaginado que Diego llevaría a Viviana al altar.

Realmente iba a casarse con Viviana.

Mauro se rio con frialdad.

—Daniela, ¿ahora lo ves claro? ¿Has despertado? Tú cuidas a la madre de Diego, cuidas a la hermana de Diego, mientras él se casa con otra mujer. Te ha estado engañando todo el tiempo. ¡Es un mentiroso!

¿Era un mentiroso?

¿De verdad iba a casarse con Viviana?

Daniela seguía sin creerlo. Sacó su teléfono del bolsillo. Iba a llamar a Diego.

—Daniela, ¿por qué sigues aferrándote a esto? —preguntó Mauro.

Daniela, de pie en la entrada, observaba a Diego contestar el teléfono. Sus largos dedos apretaron el teléfono y de inmediato preguntó:

—Diego, ¿dónde estás ahora?

Daniela rezaba en su interior. Rogaba que Diego no le mintiera, que le dijera la verdad.

Cualquiera que fuera la razón de Diego, quizás tenía dificultades, pero debía decírselo.

No dejarla como una tonta parada afuera. ¿No debería el amor basarse en la sinceridad mutua?

Daniela le preguntó qué estaba haciendo.

Diego se mordió el labio. No esperaba que Daniela llamara durante la boda.

¿Cómo debía responder?

Diego guardó silencio por unos segundos, y luego dijo:

—Daniela, ahora estoy ocupado fuera. ¿Necesitas algo?

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