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El Precio del Desprecio: Dulce Venganza romance Capítulo 69

La habitación estaba vacía, no había rastro de Valentina.

Sonaron unos golpecitos en la puerta y Fernando apareció en el umbral.

—Señor presidente, cuando venía para acá vi a su esposa. Se ha ido.

¿Se fue? ¿No le había dicho que no se fuera?

—Señor, ya he mandado a buscar el antídoto para el afrodisíaco.

Mateo apenas si movió los labios.

—No es necesario.

Dicho esto, entró al baño para darse otro baño con agua fría.

En realidad, Valentina había neutralizado el afrodisíaco en la habitación. Él solo había inhalado una pequeña cantidad residual, así que los efectos no eran tan fuertes. Podía superarlo con fuerza de voluntad.

Se quedó bajo la regadera, dejando que el agua helada cayera sobre su cabeza. Las pequeñas gotas salpicaban sus músculos definidos, algunas hasta parecían rebotar. Era una visión que haría sangrar la nariz de cualquiera.

Con los ojos entrecerrados, apareció en su mente la delicada cara de Valentina, y recordó sus suaves manos. Lo había hecho sentir muy bien.

El deseo que había logrado contener resurgió. Mateo maldijo por lo bajo mientras bajaba su mano y cerraba los ojos con frustración.

A la mañana siguiente, Valentina despertó por el sonido de su celular. Era su mejor amiga: Camila.

Al contestar, escuchó mucho ruido de fondo. Camila le habló, angustiada:

—¡Valentina, ten mucho cuidado con Joaquín! Hoy vino a mi revista con mucha gente a causar problemas.

¿Qué? ¿Joaquín fue a molestarla?

—¿Estás bien?

—Estoy bien… ¡Ah!

Escuchó a su amiga gritar, un estruendo y una pelea, parecía estar forcejeando con alguien. Le querían quitar el teléfono. Esta vez, era Joaquín quien le hablaba:

—Tengo a tu querida amiga. ¡Ven aquí ahora mismo!

—Vaya, llegaste bastante rápido. Anoche Luciana me llamó diciendo que te niegas a firmar el divorcio. ¿Por qué eres tan rastrera? Una pueblerina como tú no está a su nivel.

Así que, Luciana había manipulado a Joaquín.

Él siempre había tenido prejuicios en su contra, pues creía que no era digna de su amigo. Después del fracaso de Luciana anoche, había decidido usar a Joaquín como un peón para atacarla.

Él se acercó a Camila.

—Valentina, hiciste enojar a Luciana, así que tendré que hacerte enojar. ¡Hoy te voy a dar una lección! —Dijo, a punto de agredir a Camila.

—¡Espera! —exclamó.

Él se detuvo.

—¿Qué pasa? ¿Tienes miedo? ¡Entonces arrodíllate y suplica!

Ella le sostuvo la mirada.

—Sé que siempre me has menospreciado. Así que, hagamos esto: tengamos una competencia. Si pierdo, me arrodillaré y suplicaré. Si pierdes, dejarás ir a Camila de inmediato.

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