Eduardo habló con una autoridad que no admitía réplica:
—Ella fue mi nuera una vez, ¿eso no es suficiente?
Raquel quedó perpleja.
Al lado, Fernando, que había sido llamado de urgencia desde la empresa, también mostró sorpresa. Sus ojos oscuros se entrecerraron de inmediato.
¿Su nuera de antes?
¿Podría ser que...?
Raquel, aún dudosa, preguntó:
—¿Qué quiere decir con eso?
Eduardo la miró de reojo, su tono no mostraba emoción alguna:
—Inés ha regresado. Esta vez se quedará en la familia Moya por un tiempo.
Al escuchar esto, las expresiones de los tres miembros de la familia Moya cambiaron.
—¿Qué?
La voz de Raquel subió varios tonos:
—¿Inés ha vuelto? ¿Papá, no estarás bromeando? Esa mujer ya se divorció de Fer, ni familia tiene, ¿para qué volver? Nosotros, la familia Moya, ya no tenemos nada que ver con ella.
Era evidente que Raquel no estaba de acuerdo. Su desagrado hacia Inés era palpable.
—La invité personalmente. ¿Estás cuestionando mi decisión?
Eduardo habló con calma, pero su tono era inapelable, lleno de una fuerza intimidante.
Raquel no se atrevió a objetar, aunque su expresión era un cúmulo de emociones cambiantes.
Fernando permaneció en silencio, pero sus ojos profundos estaban cargados de una ira que ni él mismo había notado.
Esa mujer, desaparecida por seis años, ¿realmente había vuelto?
¡Y todavía se atrevía a regresar!
Mientras la rabia se acumulaba en su pecho, un lujoso Mercedes se acercó rápidamente desde la distancia.
Una vez, cuando un tipo la molestó en la calle, sus dos pequeños lo dejaron con el rostro hinchado y morado.
Después, alguien llamó a la policía y cuando el desafortunado tipo explicó lo sucedido, los oficiales ni siquiera le creyeron y le dieron una buena reprimenda.
Debido a lo inusual de la situación, Inés prefería que sus hijos ocultaran sus habilidades para evitar problemas.
Los pequeños asintieron rápidamente, obedientes:
—Entendido, entendido, mamá ya nos lo ha dicho muchas veces, hay que ser discretos.
Sin embargo, en sus ojos ya brillaba la emoción de un cazador ante su presa.
Desde antes de regresar, habían escuchado que la familia Moya era el hogar del exesposo que había abandonado a su mamá.
Estaban listos para darle una buena lección a ese sujeto y, de paso, preguntarle si estaba ciego.
¿Cómo no podía apreciar a una mamá tan increíble como la suya?
¿Acaso creía que podía aspirar a algo mejor?

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