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El Regreso de la Doctora con Sus Tres Tesoros romance Capítulo 4

Inés escuchó aquellas palabras y sus ojos se entrecerraron levemente. Antes de que pudiera reaccionar, Eduardo ya había alzado las cejas, exclamando con enojo:

—¿De qué hablas? Inés ha venido especialmente para atenderme, ¿cómo te atreves a decir que viene a comer de a gratis?-

—¿Para atenderte, ella? —respondió Raquel con un tono lleno de desprecio, ya que nunca había tenido buena opinión de Inés.

—Papá, estás siendo muy imprudente. Hemos buscado a tantos especialistas y contado con los mejores equipos médicos para atenderte, y si ellos no han podido, ¿qué podría hacer ella? —comentó con desdén, lanzándole una mirada de desprecio a Inés—. No vaya a ser que, al ser conocida, te esté endulzando el oído para sacarte dinero.

Inés decidió no responder a Raquel, ya que siempre habían tenido roces en el pasado. Sin embargo, al escuchar esas acusaciones, no pudo quedarse callada. Justo cuando iba a responder, una voz juvenil la interrumpió.

—Mi mamá no viene a sacarle dinero a nadie. Ella es una doctora famosa, de las que ni con todo el dinero del mundo puedes conseguir. Si eres ignorante, no te lo reprochamos, pero hablar sin saber es tu problema —Rodri cruzó los brazos, defendiendo a su mamá con firmeza y autoridad, pese a su carita inocente.

Dani asintió con su cabecita, apoyando a su hermano con su dulce voz—. Claro, si tantos especialistas no han logrado nada, ¿no deberíamos cuestionar sus habilidades? Cualquiera con un poco de sentido común lo haría.

Raquel se puso furiosa, su rostro se tornó de un rojo intenso. Esos pequeños la estaban llamando tonta de forma indirecta. Quiso responder, pero Inés se adelantó.

—No vale la pena explicar a quienes no quieren entender. No pierdan su tiempo con palabras vacías —les dijo a los niños.

—Ah, ya entiendo, no vale la pena perder el tiempo con gente tonta, ¿verdad? —respondieron los pequeños con una sonrisa de comprensión.

Raquel estaba a punto de estallar de ira, pero el anciano intercedió.

—¡Basta! El tema está decidido, no se hable más. Inés, quédate a comer, hace mucho que no vienes y queremos darte la bienvenida.

Inés dudó un momento antes de rechazar amablemente la invitación.

Fernando se mostró aún más serio y replicó:

—¿Ah, sí? Pues me gustaría verlo... Espero que tus habilidades sean tan útiles como tus palabras.

Terminando de hablar, se acercó para ayudar con las maletas, pero Inés no lo permitió. Aunque había regresado a la familia Moya, quería evitar todo contacto innecesario con él. Se adelantó para detenerlo.

—No es necesario que nos acompañe, señor Moya. Tenemos chofer y podemos ir solos...

Pero mientras hablaba, accidentalmente rozó la mano de Fernando. Ambos se quedaron inmóviles por un momento. Fernando la miró con frialdad y comentó con un tono sarcástico que solo ellos dos podían escuchar:

—Dices que no, pero tus acciones dicen otra cosa... Inés, ¿me estás tendiendo una trampa otra vez, o acaso todavía piensas en mí?

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