Yasmín movió la boca para decir algo, pero sentía un nudo en la garganta.
Había cosas que simplemente no podía expresar en voz alta.
Y nadie lograría comprender el dolor que la estaba desgarrando.
Anahí continuó, implacable:
—Si sientes que no tienes por qué ayudar a Franco solo porque no es tu hermano de sangre, lo entiendo. ¿Pero qué hay de tu padre? Usando el título de suegro de la familia Baeza, recientemente logró asegurar un proyecto muy rentable. Ha estado trabajando hasta tarde en propuestas durante varios días para asegurarse de que el proyecto sea un éxito; a veces está tan ocupado que ni siquiera tiene tiempo de comer. ¿Y a ti se te ocurre hablar de divorcio justo ahora? ¿Qué va a pasar con él? ¿Tienes el corazón para ver cómo todo su esfuerzo se va a la basura?
Yasmín miró a Manuel y notó las ojeras oscuras debajo de sus ojos. Su rostro mostraba claros signos de fatiga y agotamiento.
Una profunda sensación de impotencia la invadió. Apretó los puños y preguntó:
—¿Cuánto tiempo falta para que termine ese proyecto?
—Alrededor de una semana —respondió Manuel—, pero si tú...
Iba a decir algo más, pero Anahí le dio un fuerte pellizco en el brazo. Al mirarla, ella le lanzó una mirada fulminante.
Sin más remedio, tuvo que tragarse sus palabras.
Yasmín entendía lo difícil que era la situación para Manuel.
—Entonces hablemos de esto cuando hayas terminado tu proyecto.
Al regresar a la casa, Yasmín fue a regar las plantas del patio, como solía hacer.
Sus ojos estaban vacíos y su expresión, entumecida. Estaba completamente distraída.
Una semana sería suficiente para que ella considerara su matrimonio con Samuel, además de qué haría con el bebé que esperaba...
Quizás cuando Samuel volviera a casa esta noche, podría tantear el terreno y ver cuál era su actitud.
Sobre el divorcio y el bebé.
Quería escuchar la opinión de Samuel al respecto.
Al terminar de regar, Yasmín notó que se acercaba la hora en que Samuel solía salir del trabajo, así que fue a la cocina a preparar la cena.
Samuel era muy celoso con su privacidad y no le gustaba que otras personas entraran a su hogar.
Por eso, aparte de la señora que venía a hacer la limpieza general de vez en cuando, era ella quien se encargaba normalmente del mantenimiento de la casa.
Samuel era quisquilloso con la comida y padecía del estómago. Con tal de prepararle platillos saludables para el estómago, en estos tres años Yasmín había perfeccionado sus habilidades culinarias.



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