Una piedra cayó en el lago y las olas se multiplicaron sin fin.
Las palabras de Mauro casi lograron que a más de uno se le cayera la quijada del asombro.
[Joel: ¿Novia?]
[Lucas: Nuestro Sr. Mauro seguro ya anda bien tomado, ¿soñando con novias a plena luz del día?]
[Ricardo: Ya empezó el frío, es hora de que los solterones busquen pareja. Felicidades, Sr. Mauro.]
Carolina ni se enteró de esa publicación.
Llevaba rato sin asomarse a redes sociales.
Su ánimo no era el mejor, y tras subir la foto, simplemente regresó a casa.
Apenas habían pasado dos minutos desde que llegó cuando le sonó el celular. Era una llamada de Mónica.
—¡Carito, te tengo el chisme del año! Ya sabes cómo es mi tío: todo huraño y tan distante que yo pensaba que en cualquier momento se iba a meter de monje. Pero, ¿qué crees que pasó?
A Carolina se le encendió una alarma en el pecho. Algo le decía que esto no iba a acabar bien.
—¿Y ahora qué pasó? —preguntó, sintiéndose inquieta.
Mónica soltó una carcajada emocionada.
—¡Mi tío acaba de publicar en redes que ya tiene novia!
—¿Qué? —Carolina se quedó sin aire. De inmediato empezó a revisar su celular. ¿No habían quedado en mantener todo en secreto? ¿En qué momento subió esa publicación? ¿Qué tanto tiempo llevaba ahí? ¿Y qué puso?
—Carito, ni te imaginas la bomba que soltó. Mi abuelo ya preguntó en el grupo de la familia. Y ni te cuento los comentarios, ya van casi cien.
—Carito, ¿tú crees que la futura tía sea buena onda? La neta, yo pensaba que mi tío estaba tan loco que capaz y te quería a ti. Digo, siempre te ha tratado diferente.
—Oye, Carito, ¿por qué te quedaste callada?
Carolina estaba tan sorprendida que sentía la frente perlada de sudor. No le salían las palabras.
Solo cuando logró abrir la publicación de Mauro, se sintió capaz de respirar otra vez.
Por fortuna, solo era una foto de la cortina de la casa de él. Ella ni siquiera aparecía.
Y de los cientos de comentarios, solo le salía el de Mónica, que había puesto cinco signos de interrogación.
—Moni, perdón, es que se me fue la señal. Jeje, pues felicidades a tu tío por conseguir novia —dijo, fingiendo tranquilidad.
Mónica ni se inmutó ante su tono.
—Pues sí, la verdad, es toda una noticia. Ya hay varios que quieren conocer a la famosa novia.
El corazón de Carolina volvió a latirle con fuerza.
—¿Y qué dijo tu tío?
No tuvo tiempo de pensarlo más, porque el teléfono sonó de nuevo. Era el viejo.
—¿Bueno? Mauro, ¿es cierto que tienes novia? —preguntó Benjamín, tanteando el terreno.
En toda la familia Loza, Benjamín siempre había sido el único que no fastidiaba a Mauro.
No era que no quisiera, es que no se atrevía.
La última vez que intentó meterle a alguien en la casa, Mauro se largó al extranjero cinco años.
Todos afuera creían que Mauro se había ido para expandir el negocio, pero solo los Loza sabían que en realidad fue para huir de los intentos de su papá por arreglarle citas.
Aquel pleito fue tan serio, que Benjamín no volvió a mencionarle nada en mucho tiempo.
Por eso, la publicación “oficial” de su hijo había dejado a todos en shock.
—Sí, papá. Ya tengo novia. Y en un mes nos casamos.
Benjamín respiró hondo del asombro.
—¿Tan rápido?
Mauro respondió con calma.
—No queda de otra. Ya no estoy tan joven, a los treinta y tres es cuando mejor uno se casa.

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