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El Tío que Robó Mi Corazón romance Capítulo 111

—Listo, voy a llamar a unos empleados para que suban sus cosas y ropa al carro. Después de que te disculpes, yo mismo los llevo a la Residencia Sur Azul.

Estela apretó los labios con tanta fuerza que casi se los rompió. Sus uñas se enterraron en las palmas de sus manos.

Bien, qué bien, qué clase de mocosa.

Un día, todo lo que hoy ella y su hija sufrieron, lo devolvería multiplicado.

Esa vieja, en vida le quitó su lugar, y hasta después de muerta le dejó una hija bastarda para humillarla.

¡Si se tragaba este coraje, mejor ni llamarse Quintero!

Con los ojos enrojecidos y voz apenas un susurro, soltó:

—Pablo, ya lo dijiste, así que iré a disculparme con ella.

Pablo se sintió conmovido por lo indefensa y frágil que lucía, y la abrazó por los hombros.

—Ya, sé que la que sale perdiendo eres tú, Estela. Todo lo bueno que has hecho, yo lo sé.

...

Carolina estaba sentada en la sala, tomando a sorbos su bebida, cuando por fin entraron Estela y Zoe.

Pablo, tratando de aliviar la tensión, dijo:

—Jeje, Carito, ya llegó la señora Estela.

Carolina dejó la taza en la mesa sin mucha fuerza, pero su mirada se agudizó de inmediato.

—Vaya, qué bueno que llegaron —dijo despreocupada, sacó su celular, activó la cámara y apuntó directo al rostro de Estela—. Vamos, discúlpate, estoy aquí para escucharte.

Zoe, temblando de rabia, miró a su padre.

—¡Papá, mira lo que está haciendo! ¿Acaso piensa grabarlo? ¿Ahora también nos va a exhibir?

Carolina encogió los hombros.

—¿Y qué esperaban? ¿De verdad creen que basta con una disculpa hueca? Lo voy a grabar, para recordarles el día de hoy.

Quería que no lo olvidaran, que ella no era de las que se dejaban pisotear ni se quedaban calladas.

Quería que se les quedara grabado, para que la próxima vez que quisieran meterse con ella, pensaran dos veces.

Después de fingir ser la niña buena tanto tiempo, el chisme de que era rebelde le daba igual.

Estela sintió el sabor metálico de la sangre: se había mordido el labio hasta romperlo.

Perfecto. Subestimó demasiado a esa hijastra.

Veinte años aparentando ser una mosquita muerta y resultó una actriz.

Pablo se sentía incómodo y a punto de intervenir, pero cuando pensó que tal vez su hija lograría que Alexis volviera, dudó.

—¿Señor? —Los empleados palidecieron.

¿Eso era un despido? ¡Llevaban años ahí! Algunos, hasta más de diez años.

Pablo pensó que su hija era dura. Se deshizo de todos los aliados de su esposa de un solo golpe.

—Ya está, ustedes regresen a sus casas. No necesitamos tantos empleados ahora. Se les pagará lo que corresponde. No hay más que hablar.

El rencor de Estela hacia Carolina solo creció.

Cuando todo terminó, Carolina miró a su padre de reojo.

—¿Y a ti también te empacamos las cosas para llevártelas?

Pablo se puso tenso, y con el ceño arrugado contestó:

—Yo no me voy a la Residencia Sur Azul. Me quedo aquí.

—Carito, esta es mi casa, ¿también piensas echarme?

Carolina sonrió con ironía.

—¿Cómo crees? Solo preguntaba. Al fin y al cabo, tú y la señora Estela son inseparables.

Pablo solo pudo quedarse callado.

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