—Tranquilo, tu novia y la mía están juntas. Mi novia tiene muy buen carácter, va a cuidar bien de la tuya.
...
—¡Es tu culpa, ya casi llegamos tarde! —Eloísa soltó, visiblemente molesta.
De no ser porque su mamá le había pedido que llevara a la hija de una amiga, ella ya estaría en la fiesta desde hace rato.
Habían quedado en verse a las seis y media, pero no fue sino hasta las siete y media que la vio aparecer.
—Perdón, Eloísa, el carro se descompuso en el camino y por eso me tardé —Zoe apenas podía ocultar su ansiedad.
Pensar en el plan que tenía para más tarde le hacía sudar las manos. Entre más nerviosa se sentía, más probabilidades tenía de regarla.
Había puesto el somnífero en su bolso, pero luego se dio cuenta que lo había dejado en casa. Tuvo que regresar de prisa a buscarlo y por eso llegó tarde.
Eloísa la miró de reojo, sin mucho interés. Ya qué, pensó, lo hecho hecho está. Solo esperaba que Lucas no se hubiera ido todavía.
Eloísa también era estudiante del profesor Tapia, igual que Lucas. Aunque su relación con el maestro Tapia no era tan cercana, llevaba años suspirando por Lucas.
¿Quién iba a imaginar que Lucas terminaría saliendo con una famosilla de medio pelo?
Si Lucas podía andar con una celebridad, ¿por qué ella no podría? Después de todo, era hija de la familia Moya.
La familia Moya no estaba en la cima de la sociedad, pero sí le daba varias vueltas a los Sanabria, que estaban ya en el fondo del barril.
Por eso mismo, Eloísa nunca podía tomar en serio a Zoe.
Apenas cruzaron el umbral del salón de fiestas, Eloísa se desentendió de Zoe y se fue directo a buscar al profesor.
Zoe, aunque estaba molesta, no se atrevía a pelear con ella. Echó un vistazo alrededor, pero no vio ni rastro de Mauro.
¿Será que su mamá se equivocó y Mauro no vino?
Justo cuando su mirada recorría la última esquina, vio a Carolina.
...
Carolina y Natalia, contra todo pronóstico, conectaron tan bien que se les fue el tiempo platicando.
Zoe enrojeció de rabia, el pecho subiendo y bajando por la furia.
—¿A quién le estás diciendo perro?
Luego se volvió hacia Carolina y soltó una carcajada llena de veneno.
—Carolina, ¿no me digas que después de cancelar tu compromiso con Alexis ahora vienes aquí a ver si encuentras algún incauto con dinero?
—Mejor ni te esfuerces. De nada sirve tener una cara bonita si ya eres mercancía usada. Este lugar no es para ti, así que mejor vete.
Carolina la miró con un desdén helado, justo cuando iba a contestar, un aroma familiar a madera oscura la envolvió.
De pronto, sintió que caía en un abrazo firme y cálido.
Un hombre de mirada profunda, tan oscura como un pozo, la protegía y lanzó una mirada cortante hacia Zoe.
—¿Acaso estás diciendo que mi acompañante no puede estar aquí?

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