El fin de semana, Carolina llegó a la tienda de muebles donde había quedado de verse con Mauro.
Ese día, él vestía ropa casual. Sin el abrigo rígido del traje y con sus lentes de marco plateado, Mauro parecía mucho más accesible, casi como si se hubiera quitado una armadura invisible.
—Mauro, la tienda donde compré antes está en el quinto piso, ¿subimos directo?
Mauro negó con la cabeza.
—No hay prisa, vamos viendo piso por piso. Mira, ahí enfrente hay una tienda de camas.
Carolina lo miró con una mezcla de sorpresa y resignación.
—¿Todavía quieres cambiar la cama?
—¿Y cómo crees que vamos a usar la cama vieja para la boda?
Las palabras de Mauro la dejaron sin palabras, y apenas pudo torcer los labios en una sonrisa forzada.
—Pues vamos a verla, ya qué.
Pensó que, al final de cuentas, era su dinero, su casa… Si quería ver camas, que viera todas las que quisiera.
En cuanto un vendedor notó la presencia de Mauro, con su porte distinguido, se acercó con una sonrisa dispuesta.
—Buenas tardes, señor, señorita. ¿Están buscando una cama? Díganme qué tamaño necesitan y les muestro lo que tenemos.
Mauro no lo pensó ni un segundo.
—La más grande y suave que tengan, la que sea más cómoda.
Carolina casi se atragantó.
—¿Eh?
—Por ahora, la cama más grande que tenemos mide dos metros. Si desea, también podemos hacerle una de dos metros cuarenta de ancho. ¿Le interesa?
Mauro volteó hacia Carolina, que seguía atónita.
—¿Dos metros cuarenta es poco?
Ella puso cara de no entender nada.
—Supongo que está bien…
¿Para qué quería una cama de dos metros cuarenta si solo iba a dormir una persona?
—¿Tienen alguna en exhibición?
El vendedor, dándose cuenta de lo buen cliente que había caído, asintió de inmediato.
—Claro, por aquí por favor.
—Mire, este modelo tiene la base hecha con madera de pino ruso, las patas están diseñadas para que parezca que la cama flota en el aire, lo que da un efecto visual único. El respaldo está forrado con piel genuina italiana de primera, suave al tacto, resistente al desgaste y fácil de limpiar. Y lo mejor es el colchón, que es nuestro producto estrella.
—Este colchón es de una marca exclusiva utilizada por la realeza británica. Tiene lana certificada de Inglaterra y algodón de Turquía, lo que lo hace sumamente suave, absorbente y duradero. Además, solo producimos ochenta colchones de este modelo al año.
Mauro se sentó a probarlo y asintió, satisfecho.
—¿Quieres probarlo tú también?
Carolina frunció los labios y trató de sonreír.
—No, gracias. Pruébalo tú.
Total, el que va a dormir ahí es él.
Subieron juntos por la escalera eléctrica, hombro con hombro.
...
—Marisol, ¿esa no es Carolina?
A unos metros, Zoe sostenía la mano de Marisol, emocionada.
Ese día, Marisol la había invitado a buscar cosas para la casa nueva que iba a compartir con Alexis.
Quién iba a pensar que se toparían ahí con Carolina.
Marisol frunció el ceño, observando.
—Creo que sí es ella. Pero, Zoe, ¿quién es el tipo que va con tu hermana?
La silueta le resultaba vagamente familiar, pero no lograba ubicarlo.
Zoe, rápida como un rayo, sacó su celular y tomó una foto.
—Mira nada más, seguro es el nuevo millonario que se consiguió. ¡Hasta parece casado! Con esa pinta, seguro es alguien con mucha lana.
Por fin tenía pruebas. Apenas llegara a casa, se lo iba a contar a su papá.
Marisol entrecerró los ojos, intrigada.
—¿En serio? Zoe, el tipo que va con tu hermana… solo de verlo de espaldas…
La espalda ancha y la cintura delgada daban una impresión tentadora.
—Ay, Marisol, no te fíes de las apariencias. Puede verse muy bien de espaldas, pero cuando lo veas de frente, seguro es un señor grande. ¡Te apuesto que es un ruco!

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