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El Tío que Robó Mi Corazón romance Capítulo 158

—Fue a ayudarle a una amiga, ¿y eso qué tiene de malo? Además, ni siquiera es la abogada principal y me lo avisó antes de ir. ¿Acaso Grupo Loza vino a quejarse contigo? Pero, Sr. Ulises, el responsable de la adquisición no es el Sr. Tadeo, sino el mismísimo presidente Mauro.

Lo que Hugo quería dar a entender era claro: si el propio líder de Grupo Loza no había dicho nada, Tadeo tampoco tenía autoridad para meterse.

—¡No digas tonterías! ¿Y Mauro ya no es de la familia Loza o qué? ¿Crees que va a quedarse viendo cómo su propio sobrino es pisoteado por extraños sin decir nada?

—Además, ¿sabes a quién está apoyando el Sr. Loza esta vez? ¡Nada menos que a la futura nuera de la familia Loza!

—Por ahora, que la suspendan. Que se tranquilice un rato y espere a que pase el revuelo. Ya cuando todo se calme, podrá volver.

—Sr. Ulises, ¿sí se da cuenta del impacto negativo que tiene una suspensión?

Hugo todavía tenía la esperanza de que, después de la fusión, podría proponer que Carolina fuera socia no ejecutiva.

Pero si la suspendían ahora, ¿cómo iba a proponerlo después?

Ulises, mitad advirtiendo, mitad aconsejando, le espetó:

—Hugo, tienes que saber poner las cosas en una balanza. Carolina no es más que tu aprendiz. Por muy buen líder que seas, tienes que pensar en el bien de todos.

Hugo no pudo evitar sentirse molesto.

—¿No será que fue Rafael el que fue a quejarse? Sr. Ulises, ese tipo no deja de armar problemas. Mejor suspéndanos a los dos, ¿no?

—¡Eso sí que no! Basta, ya no quiero oír más. Regresa a tu oficina, tengo que atender a un cliente en un rato —dijo Ulises, claramente fastidiado, despidiéndolo con un gesto.

...

Cuando Carolina regresó a la oficina, vio a Hugo salir del despacho de Ulises con el ceño apretado y la mirada apagada.

Hugo la vio y, sin decir mucho, le indicó:

—Ven a mi oficina.

Carolina entendió de inmediato y lo siguió sin hacer preguntas.

Fabián y Verónica los miraron de reojo, intercambiando miradas de preocupación.

El ambiente en el equipo se volvió aún más tenso.

...

—Jefe —dijo Carolina en voz baja, sabiendo por su expresión que las cosas no pintaban nada bien.

—Así es —contestó Hugo, molesto—. Su asistente fue el que contactó a Rafael. Ese cuate no hace más que buscar la manera de meternos el pie a todos.

—Por ahora, vete a tu casa y tómatelo como unas vacaciones. Yo veré cómo resolver esto después.

Carolina no pudo evitar sentir gratitud.

—Gracias, jefe. Otra vez le metí en problemas.

—Ya, anda. ¿Quién no se equivoca cuando es joven? Pero la próxima vez que busques novio, fíjate bien. Por cierto, mi primo acaba de regresar del extranjero. ¿Te lo presento?

Al escuchar la sugerencia, Carolina se apresuró a declinar.

—No, jefe, la neta ahorita no tengo cabeza para eso.

—Bueno, está bien. Vete a dar la vuelta, despeja la mente. Máximo será un mes. Apenas termine lo de la fusión, yo mismo veo cómo te reincorporo.

Carolina esbozó una sonrisa ligera.

—Va.

Sus ojos brillaron por un instante. Ni falta le haría un mes; ella pensaba volver antes.

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