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El Tío que Robó Mi Corazón romance Capítulo 177

—Jeje, ya me imagino quién va a salir perdiendo esta vez —pensó Gonzalo, sin borrar la sonrisa de su cara.

Pero justo cuando estaba por cruzar la puerta, una voz distante y cortante lo detuvo en seco:

—Espere, Sr. Gonzalo. Mi esposa prefiere mantener un perfil discreto. No quiere que demasiada gente se entere de lo nuestro, ¿me entiende?

Gonzalo asintió de inmediato, casi temblando.

—Claro, claro, Sr. Loza, no se preocupe. Puede confiar en mí, esto se va conmigo a la tumba, no le cuento a nadie.

Cuando por fin salió de la oficina del presidente, se quedó paralizado a mitad del pasillo.

—Espera… ¿qué fue lo que dijo el jefe? ¿Esposa?

¿La abogada Carolina… es la esposa del jefe?

...

Por la tarde, Mauro mandó llamar a una reunión de la junta directiva sin previo aviso.

Tadeo frunció el ceño, intrigado.

—Néstor, ¿has escuchado si habrá algún cambio de personal últimamente?

Néstor, su asistente de confianza, negó con la cabeza y voz neutra.

—Sr. Loza, hasta donde sé, no hay nada de eso.

Y no solo Tadeo estaba confundido, el propio Néstor también sentía que algo raro se cocinaba.

Además, en las últimas semanas, la empresa no había tenido cambios en sus estrategias ni inversiones importantes en puerta, así que la cita los dejó aún más desconcertados.

Para las tres de la tarde, todos los miembros de la junta ya estaban sentados en la sala.

Mauro, con su habitual serenidad, repasó de modo breve los proyectos de fusión y adquisición que la empresa tenía en curso, y luego fijó la mirada, fría y firme, en su hermano mayor.

En la empresa, Mauro siempre mantenía una postura estrictamente profesional incluso frente a Tadeo.

—Sr. Loza, hace poco recibí información de que su asistente, Néstor, intervino en las negociaciones de fusión con InnovaElectra. ¿Tenía conocimiento de esto?

Tadeo sintió un escalofrío. Su voz salió titubeante.

—Mauro, ¿quién te dijo eso? ¡Eso es falso! ¡Néstor lleva diez años conmigo, él jamás haría algo así!

La boca de Mauro apenas se curvó en una mueca cortante.

—Lo lamento, Sr. Loza, por favor, diríjase a mí como presidente. Recuerde que estamos en una reunión de junta directiva.

Las palabras pesaron como piedra.

Los otros directivos se enderezaron de golpe en sus asientos, tensos. Se mascaba la tensión en el aire.

—Ya valió, los dos Loza van a armar la bronca —pensó más de uno, aunque en el fondo todos estaban ahí por el espectáculo.

Tadeo suspiró. Le dolía admitirlo, pero aunque le llevaba más de diez años a Mauro, tenía que agachar la cabeza frente a él.

Por primera vez, sintió coraje hacia su padre por haberle dejado la mayoría de las acciones del grupo a Mauro.

—Ya se enteró de que fuiste a ver a la gente del Bufete Majestad.

Néstor sintió que el alma se le iba a los talones.

—¿Y el presidente está enojado?

—Sí.

Avergonzar así a su hermano mayor, y frente a todos, no era cosa menor.

—Pero, Sr. Loza, ¿por qué el presidente haría tanto escándalo? ¿Fue la señorita Sanabria la que fue a quejarse con él?

Tadeo desvió la mirada, pensativo. Llevaba toda la reunión dándole vueltas a lo mismo.

En teoría, Carolina ya no tenía ningún lazo formal con la familia Loza, el compromiso se había roto y no quedaba nada entre ellos. Entonces, ¿por qué Mauro se sentía obligado a defenderla hasta ese punto?

Incluso estaba dispuesto a humillar a su propio hermano mayor por ella.

¿Acaso su padre le había dicho algo?

—En fin, hoy es viernes, nos toca ir a cenar a la casa grande. —dijo finalmente, resignado.

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