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El Tío que Robó Mi Corazón romance Capítulo 183

Al día siguiente, tal como Petra lo había temido, Alexis se levantó tarde y solo logró despertar porque ella insistió varias veces.

—Alexis, solo queda media hora para la hora buena, ¿cuánto tomaste anoche? —le reclamó Petra, mientras lo veía medio dormido.

Tadeo, tranquilo pero con tono de advertencia, agregó:

—Pensé que solo te habías emocionado porque ibas a casarte y por eso bebiste de más. Si se te pasa la hora, ni modo, pero no puedes cometer ningún error en la recepción. Además, ya es hora de que madures, ahora que te casas.

Alexis, aun con la resaca a cuestas, se las ingenió para arreglarse en tiempo récord y salir. Al abrir la puerta, sus amigos, quienes fungían como sus padrinos, ya lo esperaban ansiosos afuera de la casa.

La familia Loza organizó una caravana de más de diez carros de lujo para ir a buscar a la novia, todo un espectáculo digno de película.

...

En el apartamento, Zoe y otra amiga acompañaban a Marisol. Zoe se quejaba en voz baja:

—¿Por qué tardan tanto? ¿Será posible que hoy sí haya tráfico?

La otra amiga, al ver la expresión impasible de Marisol frente al espejo, le hizo una seña para que bajara la voz:

—Ya, hoy es el día de Marisol, mejor no digamos nada. Si llegan tarde, pues ni modo, de todas formas tienen que venir por ella.

Por dentro, todas sabían que Alexis no podría dejar de ir a recoger a la novia, aunque se tardara.

A las diez y media, por fin la caravana apareció a lo lejos.

Marisol, vestida de blanco, con el velo cubriéndole la cabeza y una mirada serena, dejó escapar un suspiro de alivio casi imperceptible.

Con que haya venido, es suficiente, pensó para sí.

Ni ella misma sabía en qué momento había aprendido a conformarse con tan poco.

...

—Señor Loza, la dote, la dote, sin eso no abrimos la puerta —gritaban las amigas de la novia desde adentro, fieles al ritual.

—Ya, ya, aquí está, tomen todo, pero abran que se nos hace tarde, tenemos que llegar al salón —apresuró uno de los padrinos, mientras todos reían y empujaban.

El protocolo para recoger a la novia se sintió más como ir tachando pendientes que como un momento emotivo; todo fue rápido y sin esmero.

Ya en el carro principal, Alexis apretó los labios y se disculpó:

—Perdón, Marisol, anoche me emocioné y tomé de más. Solo de pensar que hoy me casaba contigo, se me fue la mano.

—¿Ah, sí? —respondió ella con una sonrisa dulce, aunque sus ojos no reflejaron alegría.

Como siempre, Marisol fue comprensiva:

—No pasa nada, Alexis. Con saber que piensas en mí, es suficiente.

Alexis desvió la mirada, sin atreverse a enfrentar la intensidad de los ojos de ella. Sentía una confusión extraña que no lograba entender.

Antes, su mayor deseo era que su hermana no sufriera, y soñaba con poner el mundo entero a sus pies. Pero eso era antes, cuando solo era su hermano.

Ahora, con los papeles cambiados, Marisol parecía cómoda en su papel de esposa, mientras que Alexis no podía quitarse la incomodidad del pecho. Miró por la ventanilla, escapando de la expectación ardiente que encontraba en su mirada.

—Claro que pienso en ti, Marisol. Siempre has estado en el corazón de tu hermano.

¿Solo como hermano?

Marisol apretó la mano hasta que se le marcaron las uñas en la piel. Lo que ella quería nunca fue solo cariño fraternal.

...

La boda de Alexis ocupó todo el Club Época Dorada, impecable y lujoso.

Marisol, radiante en su vestido blanco cubierto de destellos, parecía una princesa salida de un cuento europeo. Todo el resentimiento de antes lo guardó y se concentró en lucir perfecta. Tomó del brazo a Alexis, mostrando una sonrisa que podía engañar a cualquiera.

—Marisol, tú...

Ella mantuvo la sonrisa, con una mirada limpia:

—Alexis, Carolina es la hermana de Zoe. Si Zoe es tan cercana a mí, Carolina también es como una hermana para mí. Incluso tengo un regalo para ella, ojalá encuentre su felicidad.

Alexis apenas pudo responder:

—Sí, está bien.

Quizás había pensado demasiado. Aunque, en el fondo, no podía evitar preguntarse si Carolina aparecería. ¿Ya lo habría superado?

Petra miró con desaprobación a su hija adoptiva, aunque no dejó que se notara en su rostro:

—Nuestra Marisol siempre tan noble. Pasen, si llega Carito la haré entrar a saludarlos.

—¿Y el tío? —preguntó Zoe sin querer.

Estela le lanzó una mirada fulminante por la indiscreción.

Tadeo se quedó pensativo y luego sonrió:

—Mauro debe llegar en un rato, dijo que vendrá con su esposa.

El anuncio dejó a todos boquiabiertos, sobre todo a Pablo.

—¿Mauro ya se casó?

No tenía idea. Si Mauro ya tenía esposa, ¿eso significaba que su hija lo había engañado?

El rostro de Pablo se ensombreció de inmediato, como si acabara de masticar un limón, y por dentro se arrepintió amargamente.

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