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El Tío que Robó Mi Corazón romance Capítulo 199

...

En la suite de lujo del club.

Mauro escuchaba el murmullo constante del agua en la regadera y, sin poder evitarlo, tragó saliva.

Cerró los ojos y se recargó en el sofá, intentando calmarse.

Pero la camisa empapada pegándosele al cuerpo y esa suavidad recién sentida le revolvían la cabeza con ideas peligrosas. Deseaba abrazarla, tenerla ahí y no dejar que se escapara, aplastarla contra su pecho hasta olvidar el mundo.

Sobre todo, esa palabra… Cuando ella acababa de llamarlo “esposo”, Mauro sintió que hasta los huesos se le volvían de gelatina.

El sonido del agua fue menguando poco a poco, hasta que todo quedó en silencio.

—Mauro, ¿ya te trajeron la ropa? —preguntó Carolina desde el baño.

Mauro abrió los ojos, tomó la ropa con sus dedos largos y se acercó a la puerta del baño. Su voz salió áspera:

—Ya está aquí, abre la puerta.

Carolina abrió con cuidado una rendija de la puerta y asomó una manita blanca y suave.

—Mauro, gracias. Pásamela, ¿sí?

Al poner el vestido blanco sobre su mano, Mauro no pudo evitar rozarle la muñeca con la punta de los dedos. Ella se estremeció y se hizo hacia atrás.

La mirada de Mauro, ardiente y oscura, delataba la tormenta que libraba por dentro.

—¿Y por qué ya no me llamas esposo? —dejó caer, con media sonrisa.

La mano de Carolina se retiró de inmediato y la puerta se cerró de golpe con un —¡pum!—. Nadie contestó su pregunta.

Carolina se tapó el pecho con el vestido, sintiendo el corazón desbocado.

¿En qué momento le había dicho “esposo”? ¿Fue cuando escuchó que él la llamó “esposa”? Al parecer, sí. Se le había salido sin pensar.

Pero si fue un error de su parte, ¿y Mauro? ¡Ya era la segunda vez que él la llamaba “esposa”!

Carolina se entretuvo un buen rato dentro del baño antes de salir, sin el menor valor para mirarlo a los ojos.

—¿Ya terminaste? —preguntó Mauro.

Carolina asintió, todavía evitando su mirada.

—Ya.

Ella fingió no escuchar su burla, y Mauro tampoco insistió.

—Ya revisaron las cámaras de seguridad.

La mirada de Carolina se volvió dura.

—¿Quién fue?

...

Zoe se encogió, alarmada.

—Señorita, ¿qué vas a hacer?

Marisol, con la cara llena de fastidio, reviró:

—Carolina, ¿otra vez vienes a armar pelea?

Sin mediar palabra, Carolina les vació medio balde de agua helada de un jalón, empapándolas de pies a cabeza.

—Señora, aquí hay otro—, avisó el guardaespaldas, acercándole el segundo balde.

Sin titubear, Carolina repitió la dosis. Ahora sí, las dos quedaron chorreando, el maquillaje corrido y la ropa pegada al cuerpo.

Zoe chilló:

—¡Aaaah, Carolina, estás loca!

Carolina soltó una risita sarcástica.

—¿Y cuando me aventaron agua a mí, no pensaron que yo también podía perder la cabeza?

Se acercó, mirándolas con furia.

—Escúchenme bien: la próxima vez que me busquen pleito, lo que les voy a lanzar no va a ser solo agua fría. ¿Entendieron?

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