Cuando Marisol despertó, tenía los ojos hinchados y enrojecidos.
No fue hasta la hora del desayuno que Alexis notó algo raro en ella.
—¿Qué te pasó en los ojos?
Marisol negó con la cabeza mientras jugaba con el tenedor.
—Nada, creo que me salió un orzuelo o algo así.
Después de un silencio, Marisol cambió el tema.
—Alexis, últimamente has estado muy ocupado y ni tiempo hemos tenido para irnos de luna de miel. ¿Por qué no me ayudas a conseguir un programa de televisión? Así aprovecho y promociono mi disco.
La polémica reciente por el supuesto plagio la había dejado muy mal parada. El equipo tuvo que cambiar de inmediato la portada y hasta la canción principal. Pero, en el fondo, Marisol sabía que siendo nueva en la industria, ese tipo de manchas se podían limpiar si aparecía en varios programas de entretenimiento.
Así pensaba ella: si no podía depender del apoyo de Alexis, mejor enfocarse en ganar fans y construir su propio camino.
Alexis se sorprendió.
—¿Apenas ayer no me dijiste que querías tener un hijo?
Marisol forzó una sonrisa, bajando la mirada.
—Eso no se pelea con lo otro.
—Bueno.
Para Alexis, esto era un favor sencillo. No tenía razón para negarse.
—Voy a la oficina. Y sobre lo del programa, le pediré a alguien que lo tenga en cuenta.
—¡Gracias, Alexis! ¡Eres el mejor!
Ese tipo de halagos no solo le gustaban a las mujeres; también los hombres caían rendidos ante ellos. Después de la paliza de autoestima que había recibido en casa de Carolina, Alexis recuperó un poco de confianza.
...
La noche anterior, Hugo se sintió sumamente satisfecho con su “obra maestra”.
Al llegar a la firma, Carolina vio a su jefe haciéndole gestos extraños con los ojos.
—¿Qué le pasa, jefe? ¿Le está dando un tic en el ojo?
—¡Oye, no hables así! Ven aquí a mi oficina.
Carolina dejó atrás la broma, aunque no pudo evitar soltar otra.
—En serio, jefe, parece que sí le está brincando el ojo. ¿No quiere que lo vea un doctor?
Hugo, sin entender, se tocó el párpado.
—¿A poco? Yo ni lo siento.
—La verdad, te llamé porque ayer vino ese tal Loza a buscarte aquí. Se hizo el simpático diciendo que nos quería invitar a comer, pero yo sé que solo quería verte.
Carolina arrugó la frente.
—¿Hablas de Alexis?

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