Nadie se esperaba que, en medio de la transmisión, él de pronto se llevara la mano al pecho y luego cayera al suelo sin moverse.
Todo el equipo de producción y los invitados en la sala de observación se quedaron petrificados.
—¡Rápido! ¡Llamen a emergencias!
Carolina apenas podía reaccionar. Desde afuera, ni ella ni los demás tenían idea de lo que estaba pasando en la oficina del jefe.
—¡El abogado Hugo se desmayó! ¡Llamen a una ambulancia, rápido!
El corazón de Carolina dio un vuelco. Con manos temblorosas, marcó el número de emergencias lo más rápido que pudo.
—Hola, habla del Bufete Majestad, alguien se desmayó, por favor, ¡manden ayuda lo antes posible!
Apenas terminó la llamada, Carolina corrió a la oficina. Hugo estaba tendido en el suelo, apretándose el pecho, con el rostro tan pálido que parecía de papel.
—Jefe, jefe… —balbuceó, la voz a punto de quebrarse.
Varios de los invitados de la sala de observación entraron apresurados.
—¿Qué pasó? ¿Por qué se desmayó?
Carolina negaba con la cabeza, completamente perdida. No tenía idea de lo ocurrido. Sostenía la mano de Hugo, presionando con fuerza la base del pulgar, mientras comprobaba una y otra vez si todavía respiraba y tenía pulso en el cuello.
Por suerte, no llegó a presentarse el peor de los escenarios, un paro cardíaco.
Algunos empleados, que sabían un poco de primeros auxilios, comenzaron a asistirlo en lo que llegaba la ambulancia.
Todos en el lugar sentían el alma en un hilo. El director del programa también perdió la calma, incluso olvidó que seguían transmitiendo en vivo.
Marisol, con la cara desencajada y las manos sobre el pecho, preguntó con miedo:
—Ay, apenas Nicolás había entrado y el abogado Hugo ya se desmayó. Nicolás, ¿te peleaste con él adentro?
El color abandonó el rostro de Nicolás.
—…No, no fue así —contestó, casi en susurro.
Mientras todos estaban preocupados por la salud de Hugo, Marisol no perdía la oportunidad de echarle leña al fuego.
Carolina no sabía exactamente qué había dicho Marisol en la sala de observación, pero esas palabras, en ese momento, podían darle un giro peligroso a la situación tanto para Nicolás como para el propio Hugo.
Solo hacía falta que los internautas lo tomaran mal, y el escándalo se armaría en segundos.
—¡Cállate de una vez! ¿No ves lo que está pasando? ¡Deja de inventar cosas! —le gritó Carolina a Marisol, fuera de sí.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Tío que Robó Mi Corazón