Justo en ese momento, Mauro regresó a casa.
Apenas cruzó la entrada, divisó la silueta de Pablo.
—Suegro, ¿por qué no avisó que venía antes? Así habría pedido al chef que preparara algo más especial.
Pablo soltó una risa incómoda.
—Eh, pues fue porque de pronto me dieron ganas de ver a Carito, por eso me vine.
Sabía perfectamente que Mauro no estaba molesto por no haberlo atendido bien, sino que estaba lanzando una indirecta: le molestaba que llegara sin avisar. Pablo lo captó sin problemas.
—Mauro, entonces, tengo pendientes por hacer, mejor me voy.
Tal como esperaba, Mauro no hizo nada por retenerlo. Solo respondió en tono indiferente:
—Cuando tenga tiempo, vuelva a visitarnos.
Antes de que Pablo cruzara la puerta, Mauro añadió:
—Por cierto, suegro, el asunto de la colaboración que habíamos platicado… quizá debamos pensarlo mejor. Cuando lo tenga claro, hable con mi asistente.
La sonrisa de Pablo se congeló en su cara.
Entendió el mensaje a la perfección. Si no tomaba partido correctamente, Mauro no volvería a ayudar a su empresa.
—Claro, claro, Carito es mi hija, siempre voy a ponerla primero.
Ya no dijo más y se marchó apresurado, sin mirar atrás.
...
Carolina, que había presenciado toda la escena, se mordió los labios.
—¿De verdad quieres ayudarlo?
Mauro le respondió con una media sonrisa:
—Puedo comprar la empresa y dártela. Así, tu papá trabajaría para ti, ¿qué opinas?
Pero Carolina negó con la cabeza, sin titubear.
—No quiero eso.
Los ojos de Mauro brillaron con un destello curioso.
—¿Entonces qué te gustaría?
Carolina levantó la vista, sus palabras cargadas de una calma helada:
—Quiero que vea cómo su empresa se va a la quiebra. Que se quede en bancarrota.
—Perfecto. Lo que tú digas.
En ese instante, Carolina recordó lo que Mónica le había dicho: él siempre accedía a todo lo que ella pedía, sin dudar. Si ella no preguntaba, él tampoco insistía, simplemente la apoyaba en silencio.
Carolina lo jaló de la mano y lo hizo sentarse a su lado.
—¿Por qué nunca me preguntas por qué hago las cosas?
Mauro soltó una risa baja.

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