Jamás se había sentido tan humillada.
Desde pequeña, siempre había sido Alexis quien corría tras ella, quien la buscaba y la llenaba de atenciones.
Pero ahora, por más que ella se alejaba, él ni siquiera preguntaba cómo estaba.
—Qué corazón tan duro —pensó Marisol, apretando el teléfono—. ¿Así de crueles se vuelven los hombres cuando dejan de querer?
Al escuchar el tono inseguro de Marisol, Alexis se esforzó por calmarse antes de responder:
—Perdón, Marisol. Últimamente he estado saturado con asuntos del trabajo. Hoy no ando de buenas.
—Es que mi tía acaba de regresar, así que fui a la casa a comer con la familia.
Marisol soltó un suspiro de alivio. Así que era por eso.
Se dio cuenta de que su tono anterior había sido demasiado intenso, que no debió presionar tanto a Alexis. Bajó la voz y se disculpó con cuidado:
—Alexis, no te enojes. No es que no confíe en ti, es que te extraño mucho.
—Alexis, ¿cuándo vas a venir a verme? De verdad, me muero de ganas de verte.
Antes, cuando Marisol decía que lo extrañaba, no importaba dónde estuviera Alexis ni lo que estuviera haciendo: solía dejarlo todo para cruzar medio mundo y llegar a su lado.
Pero ahora, al escuchar esas palabras, Alexis sentía el alma estancada, como si nada lo moviera.
Él lo entendía. Ya no sentía lo mismo.
Después de tenerla, se dio cuenta de que, en el fondo, nunca había amado a Marisol.
Y lo peor era que la persona a quien sí había amado, esa ya no volvería jamás.
—Marisol, sabes que ando muy ocupado últimamente.
—Pero...
—El próximo mes, ¿sí? El próximo mes voy a verte.
Terminó la llamada apresurado, sin darle tiempo a decir más. Marisol se quedó mirando la hoja de su prueba de embarazo, ida.
¿Qué podía hacer? Aquella noche solo había tomado de más, ni siquiera sabía con qué tipo se había liado entre copas en la discoteca.
Y, por descuidada, ni se le ocurrió tomar pastillas después.
Ahora tenía esto...
Si no hubiera armado aquel escándalo de embarazo falso la vez pasada, todavía podría haberle echado la culpa a Alexis y hacerlo pasar por suyo. Pero como ya la habían revisado a fondo, no había manera de sostener otra mentira.
Solo podía lograr que Alexis viajara hasta donde ella estaba. Si lograba meterse con él, podría decir que el bebé era suyo.


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