La firma en la esquina del cuadro era un nombre que Mónica alguna vez supo de memoria.
No entendía por qué él se había tomado la molestia de venir desde tan lejos solo para entregarle esa pintura.
¿La traía a nombre de alguien más? ¿O acaso había regresado al país?
La mente de Mónica era un completo torbellino.
Joel tampoco insistió con preguntas.
Ese era el día de su boda. La mirada de Joel era imposible de descifrar.
—Si no quieres verla, no la veas.
Hizo una pausa y, con una sonrisa pícara, añadió:
—Pero dime, amor, ¿no te sientes incómoda con el vestido de novia? ¿Quieres que te ayude a quitártelo?
Mónica lo miró atónita, el aliento se le quedó atrapado en la garganta.
Antes de que pudiera reaccionar, él ya la había cargado en brazos, como si no pesara nada.
En ese momento, todos los regalos y la pintura pasaron a segundo plano. El deseo encendió sus cuerpos y lo demás dejó de importar.
...
El dolor intenso la sacudió, haciéndole brotar sudor frío en la frente.
—¡Joel, me mentiste!
Joel tampoco la estaba pasando bien.
—Ya va a pasar, te lo juro. Te amo, preciosa... ¡te amo con locura!
Pero Mónica no sentía ese amor. No sabía qué tan sinceras eran sus palabras.
Lágrimas rodaron por su mejilla, pero él se las quitó con un beso suave.
Por desgracia, esa dulzura solo era una fachada. Al día siguiente, Mónica se levantó adolorida y, frotándose la cintura, gritó fuera de sí:
—¡Joel, me mentiste!
Por otro lado, Joel estaba feliz, fresco como una lechuga, y sostenía un tubo de pomada en la mano.
—¿Qué pasa, amor? ¿Te levantaste de malas? Si sigues cansada, quédate en la cama otro rato.
Mónica hervía de coraje y estuvo a punto de darle una patada.
Pero él le tomó el pie con sus manos ásperas y, en tono dulce, le dijo:
—Tranquila, fue tu primera vez. Déjame ponerte un poco de pomada.
—¿Primera vez? —Mónica apretó los dientes—. ¿Entonces qué fue la otra vez?
Joel se hizo el tonto.
—¿De cuál otra vez hablas? ¿De qué estás hablando?
Mónica lo miró con recelo.
—¡La vez que fuimos al concierto y nos pasamos de copas!
Esa noche no había pasado nada entre ellos.

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