Entrar Via

El Tío que Robó Mi Corazón romance Capítulo 75

El día de la boda, Alexis apareció vestido con un traje negro impecable, el cabello perfectamente peinado, y una expresión impasible que, si uno se fijaba bien, dejaba entrever una chispa de alegría difícil de notar.

Casarse es motivo de felicidad para cualquiera, y él no era la excepción. Sin embargo, algo le molestaba: ¿por qué habían saltado un ritual tan importante como el de unir a las familias?

Marisol, por su parte, llevaba un vestido blanco de encaje, un maquillaje tan sutil que resaltaba su inocencia. Se quedó mirando al hombre reflejado en el espejo, perdida en sus pensamientos.

—Hermano, hoy te ves increíble.

Alexis giró la cabeza, arqueando una ceja.

—Ay, manita, ¿a poco se le dice increíble a un hombre?

Marisol, con las mejillas encendidas, se acercó despacio.

—Hermano, hoy yo de blanco, tú de negro. Hasta en la ropa combinamos, ¿verdad?

La voz le temblaba, suave como un suspiro. El semblante de Alexis, normalmente marcado y duro, se suavizó al instante.

—No digas tonterías. Claro que somos los que mejor combinamos. Y no te pongas loca, aunque me case, siempre serás la que más quiero.

Las palabras dulces son como veneno lento.

Marisol había escuchado muchas promesas de parte de su hermano, pero ese día él se iba a casar con otra mujer. ¿Acaso, cuando estuviera a solas con su esposa, también pronunciaría esas mismas palabras que ahora le decía a ella?

La abuela estaba enferma y, aun así, Carolina había decidido seguir con la boda. Marisol nunca imaginó que Carolina pudiera actuar con tanta determinación, todo por entrar a la familia Loza. Había jugado bien sus cartas, incluso amagando con cancelar el compromiso, pero al final, tampoco resultó tan especial.

Conteniendo el ardor de los celos, Marisol preguntó:

—Hermano, ¿a qué hora nos vamos? ¿Hoy puedo ir contigo en el carro?

El carro de Alexis era el principal de la caravana nupcial, reservado para el novio y la novia. Pero Marisol lo miró con ojos brillosos, casi a punto de llorar, y Alexis no pudo resistirse.

—Está bien, vámonos juntos al salón.

Al ver a sus hijos subir al mismo carro, Tadeo quiso decir algo, pero su esposa Petra lo detuvo con un gesto.

—No pasa nada, la dama de honor también puede ir en el carro principal. Además, Marisol es su hermana, no hay problema.

Tadeo solo pudo suspirar y dejarlo pasar.

Mientras tanto, Mónica se ofreció a acompañar a su abuelo en otro carro. Ese día le había prometido a su mejor amiga que no se separaría de él ni un momento. Llevaba en la mano unas pastillas para el corazón, lista para dárselas si veía que su abuelo se sentía mal.

La noche anterior, Mónica había preguntado a Carolina cuál era el plan. Siempre supo que ella estaba decidida a cancelar el compromiso, pero Carolina guardaba el secreto con tanto recelo que ni siquiera a su amiga se lo había confesado. Mónica, fastidiada, pensaba que cuando todo terminara le reclamaría a su amiga por no decirle nada.

...

En el salón de la boda, Zoe divisó enseguida a su mejor amiga.

—Marisol, hoy te ves lindísima.

Marisol le sonrió, la comisura de los labios curvada con picardía.

—Zoe, tú tampoco te quedas atrás.

Después, echó un vistazo hacia el lado donde estaban los Sanabria.

Afuera del salón, Mauro aguardaba dentro del carro, la mirada fija y oscura.

[¿Tío, hoy no vas a entrar?]

Sin levantar la cabeza, seguía mirando la pantalla de su celular.

[¿Vas a pasar? ¿De verdad vas a entrar a la boda de ellos?]

Cerró los ojos y se recargó en el asiento, sin moverse ni un poco durante mucho tiempo. Hasta que, finalmente, el señor Sebastián preguntó:

—Don Mauro, ¿quiere que mueva el carro bajo la sombra? Aquí pega mucho el sol.

Mauro levantó la vista, su mirada tan intensa como siempre.

—Llévalo al estacionamiento. Si necesito el carro, te marco.

Con voz profunda y serena, dio la orden y luego bajó. Sus pasos largos y seguros lo encaminaron directamente al salón de la boda.

...

Faltaban veinte minutos para las doce. Si la ceremonia no comenzaba pronto, los invitados empezarían a murmurar. De hecho, ya lo estaban haciendo.

—¿Qué pasa hoy? ¿Alguien ha visto a la novia?

—Quién sabe. Dicen que la hija mayor de los Sanabria siempre anduvo detrás de Alexis, ¿será que hoy decidió echarse para atrás?

Para la mayoría, la idea de que Carolina huyera de su propia boda parecía improbable.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Tío que Robó Mi Corazón