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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 111

Una frase de “simplemente no me caes” le volvió a recordar a Irene lo que la señora Pizarro había dicho de ella: que era fea.

—Por muy guapa que esté Gloria, al final solo es una secretaria. A ver si te queda claro: con quien van a hacer negocios es con Fede. Yo…

—Exacto, con quien vamos a hacer negocios es con el señor Córdoba. ¿Y tú qué pintas aquí?

La señora Pizarro tenía la mirada filosa y escogía justo donde dolía para clavarle el comentario a Irene.

Federico salía a atender compromisos con Gloria, pero nunca llevaba a Irene. Eso bastaba para demostrar que, en el trabajo, Irene no le servía de nada.

Ni siquiera pensaba presentarla, como su futura esposa, para convivir con las esposas de los socios.

—Yo… —Irene se atragantó con las palabras y no supo qué decir. Buscó a Federico con la mirada, pidiéndole ayuda.

Federico traía una cara de pocos amigos.

—Señora Pizarro, aunque usted pueda apoyar al señor Pizarro en lo laboral, con esa forma de hablar, tarde o temprano le va a traer problemas.

—Ese es mi asunto —respondió ella, como si nada.

Marcelo empezó a sudar frío. No le quedó más que intervenir para calmar las cosas.

—Señor Córdoba, mejor dejamos lo de la colaboración para otro día. Ya se hizo tarde; me voy a llevar a mi esposa al hotel para que descanse.

Federico se recargó en el respaldo, firme.

—Está bien. Pablo los acompaña a la salida.

Marcelo se fue con la señora Pizarro. Ella cargó su bolsa y la aventó sobre la mesa; el golpe sonó seco, como si le hubiera dado una bofetada a Irene.

A Irene se le llenaron los ojos de lágrimas.

—Fede… ¿tú también crees que no sirvo para nada?

—No —Federico sacó un cigarro del bolsillo y se lo puso en la boca—. Márcale a tu papá para que venga por ti.

—¿Tú… tú no me vas a llevar? —Irene se quedó helada.

Últimamente, Federico siempre la llevaba a casa.

—Seguro Gloria le dio algo a esa señora Pizarro. Y todavía se burló de mí… dijo que estoy fea.

—¡Esa señora Pizarro se pasó! —Helena se puso pálida de coraje y llamó a Darío Orozco para que fueran por Irene.

En el camino, madre e hija no colgaron; se la pasaron hablando de lo mismo.

Cuando Helena se enteró de que Gloria se había ido al área de logística, por fin se le bajó un poco el enojo.

—Por lo menos ya la sacaron de al lado de Federico.

Irene se quedó callada unos segundos y preguntó en voz baja:

—Mamá… ¿y si Gloria lo hizo a propósito? Fede ya casi aceptaba cancelar el cambio… y ella ni así. Igual se fue a logística. ¿No será que quería que la señora Pizarro me humillara para que… para que yo le pidiera perdón?

Le venía esa idea porque Irene sabía perfectamente que lo de “Gloria le dijo a la señora Pizarro que yo era fea” era una acusación que ella le había echado encima a la fuerza.

—¡Que sueñe! —Helena la tranquilizó—. Tú tranquila. Mientras yo esté aquí, nadie te va a pisotear.

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