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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 420

La señora Mendizábal también escuchó la llamada.

—¿Gloria renunció? ¿Entonces ya no nos puede ayudar?

Lucas frunció el ceño y le pasó el celular.

—Mejor. Sin respaldo es más fácil tenerla bien medida. Y lo de Federico… eso lo arreglo yo.

Al final, miró la bolsita sellada en la mano de su esposa.

—Apúrate con eso.

—Sí.

Ahí mismo, en la entrada del restaurante, se separaron.

***

—¿Cómo que eso?

Al atardecer, en la oficina de Raúl Esquivel en el Hospital Río Alicante, se quedó a medias quitándose la bata y volteó a ver a Federico.

—¿Quién te dijo que el bebé de Gloria es de Jaime?

Federico estaba sentado en su lugar, con la mirada apagada.

—Nadie me lo dijo.

Raúl se quedó con ganas de decir algo y se contuvo.

Gloria se embarazó a los seis meses de divorciarse; era muy posible que, todavía casada, ya anduviera en algo con alguien.

Raúl se había inventado eso solo para picarle el orgullo a Federico, para que investigara hasta el fondo de quién era el bebé.

Quién diría que—

—Ahí tiene que haber un malentendido —dijo Raúl—. Jaime no es de los que se quedan callados. Si de verdad estuviera con Gloria, aunque se peleara con su familia, se la llevaba a su casa. No la estaría escondiendo.

Federico conocía a Jaime.

Y sí, era como decía Raúl.

Pero él lo había visto con sus propios ojos.

—¿Tú traes algo? —preguntó Federico.

Se refería a que Raúl intentara sacar información por medio de Virginia.

Raúl negó con la cabeza.

—Virginia no suelta nada. Antes yo ni la pelaba, y ahora que le hablo diario tantito ya hasta me anda sospechando. Yo te puedo decir el rango exacto de cuándo se embarazó; con eso tú checas y ya.

—Déjalo. No hace falta.

Federico lo dijo así, y de verdad lo pensaba.

Y además, Federico más o menos se imaginaba cuál era el “agarre” que tenían sobre Raúl.

—Ojalá algún día… todavía te acuerdes de lo nuestra amistad.

A Raúl se le hizo un nudo en el pecho.

—Darío Orozco no se quita fácil, y peor si tu mamá está tan pegada con esa familia. Lo de Irene tienes que tener pruebas para llevar las riendas. Pero, Federico… ¿ya pensaste? Irene odia a Gloria. Si la arrinconas y se desespera, Gloria puede salir lastimada.

—No me digas.

Federico lo miró de lado.

—Ya. Apúrate. Vámonos.

Se levantó, agarró las llaves del carro y se fue.

Raúl tomó su chamarra y lo siguió: iban a su casa a tomar.

Tomaron sin decir mucho. Sentados frente a frente, chocaban los vasos y se los acababan de un jalón.

Raúl siempre era el primero en caer, igual que cuando eran más jóvenes.

—Salud, Federico… carnal. La bronca que yo armé, yo la pago. No voy a tirar a la basura estos más de veinte años de hermandad…

Raúl quedó recargado en la orilla de la mesa, borracho, hablando a medias.

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