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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 481

Área de parto.

Raúl le dijo a Gloria que tenía que quedarse ahí, que no podía levantarse ni regresar a un cuarto.

Le dolía el vientre de manera intermitente; con cualquier movimiento, seguía perdiendo líquido. Gloria ni ganas tenía de hablar.

—No te pongas nerviosa. Guarda fuerzas. La cesárea deja el cuerpo muy débil y luego viene lo más pesado: cuidar al bebé. No te vayas a gastar antes de tiempo.

Raúl pasaba seguido a tranquilizarla.

—Ya sé —Gloria asintió apenas, con los labios pálidos—. La cirugía es hasta mañana en la mañana, ¿no? Vaya a lo suyo, no tiene que quedarse aquí.

Estaba agotada. Ni energía le quedaba para platicar.

Pero Raúl no se iba.

—Hoy me quedo aquí.

Jaló una silla y se sentó junto a ella.

—Duérmete un rato.

Gloria quiso decir que no era necesario.

Pero Raúl ya había sacado una revista médica y se puso a leer. Su decisión era firme.

Ella no insistió. Cerró los ojos y se obligó a dormir.

Entre sueño y sueño, sintió que alguien había entrado. Afuera se escucharon pasos.

Raúl se levantó y salió un momento; volvió poco después.

Entre el abrir y cerrar de la puerta, a Gloria le pareció escuchar la voz de Martina.

Fue un instante, como si lo hubiera imaginado.

Cuando amaneció por completo, Gloria abrió los ojos apenas una rendija. La luz la encandiló.

Alzó la mano para taparse y terminó de despertar.

Raúl ya no estaba; seguramente se había ido a preparar la cirugía.

Afuera se oyeron pasos. Dos enfermeras pasaron rápido.

Gloria alcanzó a escuchar lo que decían.

—¿Por qué el doctor Esquivel operó tan temprano?

—Dicen que fue por orden de la señora Mendizábal, de último momento. No se puede negar.

—Le metieron esa cirugía antes que la de la señorita Loyola… pues claro que tuvo que llegar de madrugada. Si no, ya estaba apartada la hora y no se puede andar recorriendo todo…

¿Señorita? ¿Martina se operó?

¿Y también hoy?

La aguja gruesa le entró en la espalda baja; el dolor fue tan agudo que Gloria se encorvó.

Luego una sensación fría le recorrió el cuerpo. Al poco rato, se le cerraron los ojos.

Dentro del quirófano, además de Raúl, había varios hombres de traje parados junto a la puerta.

Los aparatos pitaban con regularidad. La cirugía avanzaba con orden… pero el ambiente estaba tenso, como si en cualquier momento fuera a estallar algo.

Unos diez y tantos minutos después, el llanto fuerte de un recién nacido rompió el silencio. Y aun así, la tensión subió más.

Cuando el jefe de los guardaespaldas se acercó, Raúl ya tenía al bebé envuelto en una cobija de recién nacido.

—¿Niño o niña?

—Niña —respondió Raúl, sin titubear.

El guardaespaldas estiró la mano.

—A ver, dámela.

Raúl se hizo a un lado para evitarlo. Le indicó a un asistente que siguiera con el cierre de la incisión de Gloria y se llevó a la bebé a un costado para medirla y checar sus signos.

Tres kilos. Cincuenta y un centímetros.

Iba anotando todo… sin soltarla.

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